Cuento Infantil: La casa del bosque



Cuento infantil: La casa del Bosque por por Nerea Fonz Bravo.

Erase una vez, en un pueblo muy lejano de la vieja Inglaterra, en el corazón de la campiña inglesa, en medio de prados verdes y cielos azules como zafiros centelleantes, en medio de caserones de piedra plateada, flores silvestres y pequeños animales, en medio de nubes esponjosas con caprichosas formas, en medio de ríos espumosos y noches frías y lluviosas, allí, en un pequeño pueblecito llamado Einsenbird, con a penas cien habitantes, calles estrechas y empinadas de piedras despuntadas y casas altas y frías, vivía un niño intrépido y pelirrojo, con cara pecosa y piernecillas esmirriadas. Ayudaba a su padre en el campo mientras su madre y su hermana iban a buscar comida al mercado.

Cuento infantilSu nombre era Jimmy y le gustaba jugar por el bosque, correr entre los árboles y saltar por encima de las rocas del riachuelo con los pies descalzos y los ojos vivaces. Siempre en busca de aventuras en el bosque del Oeste, como el lo llamaba, pues se encontraba al oeste de su casa. Jimmy y Rosabel, su hermana, pasaban las tardes jugando juntos y divirtiéndose buscando aventuras y lugares nuevos por descubrir en este bosque. Una tarde, Jimmy y Rosabel estaban jugando al ajedrez, pues fuera había una tormenta feroz. Cuando ésta cesó, los niños, hastiados ya del juego de mesa, le pidieron permiso a su padre para ir a jugar al bosque del Oeste. El padre al principio dudó, pero tras la insistencia de sus hijos acabó deciendo.

Los niños prometieron regresar antes del anochecer. Jimmy y Rosabel fueron caminando hasta el bosque, pues con el barro que había a causa de la tormenta, las bicicletas no circulaban bien por el camino. Al llegar al bosque, ambos niños observaron entusiasmados como éste, tras la tormenta había adquirido un aspecto fantasmal. Jimmy comenzó a internarse en el oscuro y espeso bosque, y su hermana lo imitó.

La niebla era espesa y el barro se pegaba a la suela de sus zapatos. Los árboles habían perdido hojas a causa del fuerte viento que había provocado la terrible tormenta y el bosque parecía triste y melancólico. Un aullido de lobo de oyó a lo lejos. Rpsabel, asustada, agarró la mano de su hermano. Éste la tranquilizó y la animó a continuar en su busca de un tesoro o un nuevo hallazgo. El día anterior habían encontrado un fósil cerca del río, y la semana anterior una piedra enorme y de un color rojizo. Entre los dos la habían llevado a rastras hasta la entrada del bosque, entonces un campesino que pasaba por allí con su carretilla y sus burros, los ayudó a llevarla hasta su casa. Los niños estaban convencidos de que allá donde habían encontrado esa roca había más como ésta, y quizá de otros colores, sin embargo no conseguían recordar el lugar exacto donde la habían encontrado, y la espesa niebla no estaba ayudando mucho.

Cuando estaban a punto de darse por vencidos y regresar a casa, pues estaba anocheciendo y comenzaba a tronar de nuevo, Jimmy divisó a lo lejos una vieja cabaña.
Los hermanos se miraron extasiados y nerviosos, -¡es la casa del bosque! ¡la de la leyenda de papá!- exclamó Jimmy. Rosabel lo miró pálida, -¿tu crees Jim? ¡si es así deberíamos regresar!- exclamó asustada. Jimmy puso los ojos como platos y comenzó a reírse del temor de su hermana. No había nada mas excitante que una casa vieja y abandonada en medio del bosque, sobre todo si la noche comenzaba a caer sobre ella y una vieja leyenda la rondaba.

Una vez, el padre de los niños les había contado que cuando él era niño, había entrado con sus amigos en esa casa, pues la pelota con la que estaban jugando había roto por accidente el cristal de una de las ventanas y se había metido dentro. Él y sus amigos habían llamado a la puerta pero nadie había respondido. Finalmente decidieron tirar la puerta abajo y entrar dentro para rescatar la pelota. El padre de los niños había descrito el lugar como un sitio horrible, viejo y tenebroso. Lleno de telarañas, ruidos extraños y muebles viejos y rotos. Los niños se dividieron para buscar la pelota, el padre de Jimmy y Rosabel estaba subiendo unas escaleras para ir a busca en el piso de arriba cuando oyó un grito.

Él y los otros tres niños se alarmaron y fueron a la habitación de donde venía el grito. Al llegar ahí, se dieron cuenta de que faltaba uno de ellos y entonces el padre de Jimmy y Rosabel señaló aterrorizado el sombrero de su amigo en un rincón y manchada de sangre. Los cuatros amigos abandonaron inmediatamente la búsqueda de la pelota y salieron corriendo de allí. Al llegar al pueblo fueron a casa de los padres de Tommy, el niño que había desaparecido en la casa del bosque y les contaron lo ocurrido. Durante más de un mes los padres de Tommy y la policía lo estuvieron buscando, pero no apareció jamás.

Rosabel le dijo a su hermano que tenía miedo y quería volver a casa, pero Jimmy la tranquilizó y le dijo que tan solo sería un momento. Necesitaba ver el interior de la casa con sus propios ojos. Jimmy llamó a la puerta pero nadie respondió. El sol ya se había puesto y la luna despertaba de su sueño. Rosabel tomó la mano de su hermano. Los niños entraron dentro de la casa. El lugar era tal y como su padre les había contado: viejo, oscuro, sucio y siniestro. Jimmy caminó hasta el fondo de la estancia y su hermana lo seguía tomada de su mano. De repente la puerta se cerró de golpe y los niños gritaron asustados. -Debe de haber sido el aire-, dijo Jimmy, pero la verdad era que no hacía nada de viento. Rosabel corrió hacia la puerta e intentó abrirla pero fue imposible.

La niña se arrodilló en el suelo y comenzó a llorar. Jimmy se acercó a ella y la abrazó para tranquilizarla. -No tengas miedo, saldremos por la ventana-, le dijo el niño. De repente escucharon un ruido, los niños miraron a su alrededor pero no había nadie. En seguida el ruido volvió a sonar. Venía del piso de arriba. Jimmy, fascinado, se acercó a la escalera.

-¡No!- gritó su hermana. Jimmy le dijo que solo era un animalito el que estaba provocando el ruido e iba a demostrárselo.

Sin embargo, Rosabel ni quiso acompañarlo y le dijo, asustada, que lo esperaría ahí sentada. Jimmy asintió divertido por el miedo de su hermana y subió las escaleras. En el piso de arriba había dos habitaciones. Jimmy esperó hasta escuchar de nuevo el ruido, entonces volvió a sonar, pero un poco más fuerte. Venía de la habitación de la derecha. Jimmy entró y miró a su alrededor. Tan solo había una cama vieja llena de polvo y seguramente de chinches y un armario antiguo. El ruido venía del interior de éste.

Jimmy se acercó y lo abrió de golpe. Entonces, algo salió rápidamente del armario y chocó con Jimmy al cual derribó al suelo. Jimmy, asustado miró debajo de la cama, pero aquello que había salido del armario no estaba en la habitación. De repente Jimmy oyó el grito de su hermana y bajó corriendo las escaleras. Rosabel estaba asustada en un rincón y un fantasma estaba en frente de ella. Rosabel lloraba y llamaba a su hermano a gritos. Cuando Jimmy fue a reunirse junto a ella, el fantasma lo empujó contra la pared opuesta a la que Rosabel estaba. Jimmy cogió un zapato viejo que había en un rincón y se lo lanzó al fantasma, pero el objeto lo atravesó. El fantasma comenzó a reir con una risa horrible y tenebrosa. Rosabel comenzó a llorar más fuerte y Jimmy se enfrentó al fantasma.

-¿Qué es lo que quieres?- preguntó.

El fantasma se acercó a él y le dijo que aquella era su casa y que él y su hermana serían sus prisioneros, igual que lo habían sido otros niños anteriormente. Jimmy pensó en el pobre Tommy. El fantasma le dijo que él y su hermana quedarían encerrados en aquella casa hasta morir de hambre y cuando eso ocurriese, él se comería sus almas, pues se alimentaba de eso. Jimmy, entonces, sacó un bote de tinta negra que llevaba en el bolsillo del pantalón, pues esa misma mañana había estado practicando escritura con su madre y se le había olvidado guardar el botecillo. Jimmy giró la tapa y rápidamente se lo lanzó al fantasma. La tinta lo cubrió por completo y le cayó en los ojos. El malvado fantasma comenzó a gritar de dolor y no paraba de frotarse los ojos y maldecir,

-¡maldito niño, no veo nada!-.

Jimmy corrió hacia su hermana, la tomó del brazo y de una patada rompió el pomo de la puerta, la empujó y los niños salieron corriendo. No se volvieron a mirar atrás en todo el camino. Corrieron, corrieron y siguieron corriendo hasta llegar a su casa. La madre les abrió la puerta preocupada.

-¿Dónde estabais?, ¡estábamos muy preocupados!- exclamó asustada.

Los niños se abrazaron a ésta y el padre salió al encuentro con el abrigo puesto.

-¡Estaba a punto de salir en vuestra búsqueda!- exclamó el hombre abrazando a su mujer y a sus hijos.

Los niños les contaron a sus padres lo de la casa del bosque, el fantasma y como se habían escapado. Inmediatamente, el padre fue en busca de sus amigos leñadores y fueron al bosque con sus hachas, derribaron la casa y quemaron los restos. A partir de entonces el bosque de oeste volvió a ser un lugar tranquilo y el fantasma de la casa del bosque no volvió a molestarlos nunca más. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

FIN

Nerea Fonz Bravo

 http://encolorespastel.blogspot.com.es/?m=1

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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