Cuento infantil: ¿Por qué no duermes? Cap.2 No nos quedan monstruos para regalar



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Cuento Infantil: Capítulo 2. No nos quedan monstruos para regalar

¿Por qué no duermes?

Lila estaba súper nerviosa, como también estaba súper impaciente y súper ilusionada, o como ella no paraba de decir a todo el mundo “¡estoy súper… súper!”, así decía desde que se enteró que Lucio iba a pasar un fin de semana con ella.

No solo había apartado y recolocado todos los muebles de la habitación, también recopiló un montón de ropa, juguetes y cosas que o bien no le valían, o ya no las iba a necesitar. Las que mejor estaban fueron a la fundación para que pudieran usarse, y las que ya eran irrecuperables al centro de reciclaje.

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En cualquier caso su habitación parecía otra, ya no tenía ese aire de bebe mayor, ahora era una habitación perfecta, bueno casi… casi; había dejado sin poner unos poster de su cantante favorito Candi Kentuky, este pequeño detalle lo reservaba para hacerlo junto a Lucio.

Primero tenían que ir a buscarle al albergue, iría con su padre, su madre y su tío Carlo; una vez allí Lila y tío Carlo acompañarían a Lucio  en un vehículo más grande durante el camino a casa. Sus padres irían delante con el coche para indicar la ruta a seguir.

Al principio con eso de los nervios todo paso deprisa, fue como un casi sin darse cuenta y… ¡ya se encontraban en el portal!,  estaban apunto de entrar en casa, aquel realmente si era el comienzo.

Lucio no podía contener los nervios a lo desconocido, lo desconocido le daba miedo, y el miedo salía de su cuerpo en forma de tembleque, estaba conteniéndose todo lo que podía, pero los pelos de su pelambrera vibraban aunque él no quería que esto sucediese. Lila se dio cuenta del nerviosismo de Lucio, a ella también le había pasado alguna que otra vez. Como aquella primera vez que fue al dentista, tenía tanto miedo que le temblaban las piernas, y quiso tranquilizarle.

–          No tengas miedo, yo estoy aquí y no dejaré que te pase nada

Le dijo extendiéndole la mano para que la cogiera si lo necesitaba, Lucio miró aquella mano pequeña, casi diminuta al lado de las suyas, con la cabeza agachada y los hombros encogidos, pero aunque os parezca increíble, aquella pequeña mano era una ayuda tan grande, tan grande que no pudo negarse y la aceptó.

Los padres de Lila abrieron la puerta y esperaron a que entrasen en el portal, subieron las tres plantas hasta su casa por las escaleras, eso de entrar en el ascensor no le pareció buena idea a Lucio. Así que tardaron un poquito, porque con los nervios y los temblores cada vez que daba un paso todo se movía junto a su temblor.

Nada más llegar y entrar en casa, unas guirnaldas con mensajes  de bienvenida presidian el salón, lo había decorado ella misma, todas y cada una de las guirnaldas las hizo con sus manitas. Al verlo Lucio se emocionó y suspiró. Fue un suspiro tan grande, profundo y sentido, que los bordes de las cortinas de la puerta de la terraza, se elevaron del suelo para luego volver a caer, todos se miraron asombrados por lo que acababa de pasar.

Pero Lila  no  solo no le soltó la mano, sino que también quiso que se tranquilizara y se sintiera como en casa.

-¡Bienvenido a casa!

-¡Gracias!

-No sabía si eras de dulce o de salado, así que te he preparado un poco de todo, tienes galletitas saladas, fruta del tiempo y magdalenas de chocolate… ¿quieres?- Le dijo mientras le mostraba el plato de las magdalenas- Las he hecho yo

-¿De verdad?

-¡Sí! No te miento

-¿Has hecho tu todo?

-¡Si…! He hecho las galletitas saladas, sé que no son todas iguales, y que tienen una apariencia un poco desastrosa, pero están buenísimas las he probado antes, y he pelado, preparado y emplatado un poco de  la fruta que a mí más me gusta, y las magdalenas también las he hecho yo, así que… ¡sí! Lo hice todo yo, solo para ti

-Entonces probaré un poco de todo

Debió ser poco, porque con apenas dos bocados de nada termino con todas las galletas, toda la fruta y todas las magdalenas. Y con el estomago medio lleno, los nervios también estaban medio controlados.

Lila quiso enseñarle su habitación, estaba ansiosa por saber si le iba a gustar lo suficiente

-¿Quieres ver mi habitación?

-¿He de dormir contigo?

-Ya te dije que no te iba a dejar solo, solo espero que sea lo suficientemente espaciosa, porque si no, nos veremos haciendo camping en el salón

Lucio se encogió de hombros y decidió seguirla por el pasillo, Lila abrió la puerta  orgullosa, por todo el trabajo que había hecho para que estuviese a gusto, y se la mostró.

-Esta es nuestra habitación ¿qué te parece?

-¡oh…! Es muy lila y rosa

-¡A que sí! Mira he puesto una alfombra redonda en el centro para que puedas dormir a mi lado ¿te gusta?

Lucio miró aquella alfombra redonda de color malva, decorada con unas grandes flores estampadas de color blanco, abrió los ojos muchísimo mientras la miraba como si aquella alfombra fuese la alfombra de las alfombras, era ideal para dormir, nunca había soñado una cama tan estupenda como esa, ni tan siquiera en el albergue tenía una con tanto estilo, con tanta clase, tan chic como aquella, era tan ideal que ya tenía ganas de dormir

-¿Cuándo nos vamos a dormir?

-Cuando quieras, si estas cansado… no creas yo te entiendo a la perfección, cuando me voy de viaje por ejemplo… a la playa, pues como te digo… cuando llego de viaje, da igual si es el de ida como si es el de vuelta, siempre me encuentro especialmente cansada, puede que a ti te haya pasado lo mismo, así que si quieres me dejas unos minutos, que me cepille los dientes y me ponga el pijama, y nos vamos a dormir los dos.

-¡Estupendo! Yo me quedo aquí sentado, probándola mientras tanto

Lila hizo todo lo que tenía que hacer lo más deprisa que pudo para que no se sintiese solo, destapó la cama y se arropó deseándole buenas noches

-¿Con o sin luz encendida?

-Puede quedarse una luz pequeñita encendida, es que a oscuras… oscuras me da un poco de miedo

-¡Claro! Dejo la luz de la mesilla encendida para que no tengas miedo ¿necesitas algo?

-¡No! Gracias

-Entonces… buenas noches Lucio

Lila se quedó dormida enseguida, a pesar de los nervios… de tantas sensaciones juntas, a pesar de todo eso, estaba rendida y no pudo aguantar mucho tiempo  más despierta.

Pero Lucio no podía dormirse, cuando la casa se quedo en silencio todo le parecía raro, los claxon de los coches en la calle, la gente que hablaba más alto y se le escuchaba desde la habitación, la hija adolescente de la vecina de arriba que se paseaba tacones para arriba, tacones para abajo por el pasillo, antes de irse a dormir.

Todo le parecía tan extraño que no podía conciliar el sueño, todo era tan desconocido que comenzó a tener miedo y despertó a Lila para que le ayudara.

-¡Lila… Lila! No puedo dormir

Dijo mientras intentaba despertarla con cuidado, Lila abrió los ojos y vio su cara frente a su nariz, desconcertada dio un respingo.

-¿Porqué no puedes dormir?

-Creo que tengo miedo, la alfombra es magnífica, pero tengo miedo

-¡Sabes!

-¿Qué?

-Cuando yo tengo miedo, también despierto a mis padres, y ellos me cuentan cuentos para que yo me tranquilice ¿quieres que te cuente algún cuento?

-Si por favor

Lila se bajó de la cama, cogió una manta y se fue a la alfombra junto a Lucio, se arropó y comenzó a contarle un cuento, luego otro, y así hasta que los dos terminaron por dormirse a la vez.

Algunas cosas se solucionan con un poco de cariño y comprensión, pero apenas acababan de conocerse, les quedaba todo un fin de semana por delante.

Pero eso os lo contaré la próxima semana.

Estrella Montenegro

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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