La Edad Antigua en 5 minutos

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La Edad Antigua es la que dio lugar a la civilización, aquella en la que el hombre dejó de ser un animal que, temeroso, se refugiaba en las cavernas para pasar a adaptar el mundo a sus necesidades, el momento en el que la caza y la recolección de alimentos dejó paso a unas agricultura y ganadería capaces de generar excedentes con los que alimentar a sacerdotes y gobernantes y, en definitiva, la que sentó las bases del desarrollo de nuestra especie. Aquí sintetizamos lo más relevante de ella para que puedas entender su relevancia.


¿De qué se trata?

Comprendida entre la Prehistoria y la Edad Media, la Edad Antigua es la época en la que aparecieron las primeras civilizaciones en los márgenes de los ríos más importantes de Oriente próximo (el Tigris, el Éufrates y el Nilo), en la que se desarrollaron, llegaron a su esplendor y cayeron los primeros imperios del mundo (Especialmente Roma), en la que el ser humano concibió la escritura, las matemáticas, la filosofía, la geografía y, en definitiva, la época en la que el hombre comenzó a ser lo que es hoy.

 

No en vano, si comparamos la Edad Antigua con la Prehistoria descubriremos cómo se produjo un paso abismal en la que los humanos pasaron a ser capaces de adaptar al medio a sus necesidades, mientras que antes solo ponía en marcha estrategias de adaptación a un mundo mucho más hostil que el que tenemos hoy día.


¿Cómo se vivía?

Aunque es cierto que en la Edad Antigua todavía había pequeñas tribus que, por decirlo de algún modo, vivían aisladas las unas de las otras y guerreaban entre sí por el control del territorio, no lo es menos que se trata de una época en la que los fértiles valles de los principales ríos del nordeste africano y del suroeste asiático favorecieron el nacimiento de una agricultura intensiva que logró proporcionar el suficiente excedente alimenticio como para que los antiguos grupos tribales crecieran hasta convertirse en prósperos Estados e incluso imperios.

 

No obstante, lo cierto es que la forma de vida era básicamente agropecuaria, pues sobre la base campesina (muchas veces esclava) se hallaban unos clérigos y unos gobernantes que vivían de los mencionados excedentes alimenticios, lo que dio lugar a la aparición de la nobleza.


Los avances de la Edad Antigua

Pero además, ese mismo excedente proporcionó la posibilidad de comerciar, lo que a su vez hizo lo propio con el desarrollo de la navegación y por supuesto con la escritura y las matemáticas, dado que ambas eran necesarias para llevar el control de las compras y las ventas.

 

Al mismo tiempo, la existencia de una clase ociosa y con cierta cultura, dio lugar a la filosofía en la medida de que había personas que podían dedicarse a reflexionar porque no necesitaban cultivar las tierras o criar ganado para poder subsistir.

 

Por otra parte, la necesidad de más productos (bien fueran alimenticios o materias primas para elaborar bienes suntuarios y armas) llevó a muchos de los Estados que nacieron a la luz de la prosperidad agraria a expandirse, lo que a su vez dio lugar a la aparición de los primeros imperios y especialmente del Romano, que llegó a dominar la práctica totalidad del Mar Mediterráneo y, con ello, del mundo conocido en aquellos momentos.


El final de la Edad Antigua

No obstante, el mencionado Imperio Romano mantuvo durante toda su historia una pugna con los pueblos del norte europeo, que mantenían formas de gobierno tribales y normalmente son llamados bárbaros, y de África (los cartagineses), llegando a tener que enfrentarse a continuas guerras en distintos puntos de una zona geográfica excepcionalmente amplia, lo que a la larga supuso su agotamiento y a que en torno al año 410 se produjera su disolución ante el avance de los bárbaros.

 

En nuestro país, este avance supuso el inicio del Reino Visigodo y en toda Europa el de la Edad Media.

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