Reacciones conductuales ante las picaduras de insectos en los niños

picaduras de insectos

Dado que nuestra primera infancia es más bien frágil, es aconsejable  que nuestras reacciones ante el dolor de los más pequeños traten de mantener la templanza y no exagerar. Con ello, y especialmente ante las picaduras o contacto con insectos, no sólo rebajamos la gravedad del suceso ante los niños, sino que podremos conseguir que, tras cada suceso, aprendan a actuar con raciocinio y autosuficiencia.


Un ser humano en vías de desarrollo

Como seres vivos, nuestra naturaleza obedece a la progresión de un crecimiento que, desde el dolor típico de huesos de la tierna infancia, nos lleva a la adolescencia como eclosión fundamental del organismo y posteriormente a la adultez y su consecuente desgaste. Durante dicho camino, nuestro cuerpo puede experimentar todo tipo de cambios que, a fuerza de la costumbre, incorporará en su haber a fin de lograr una buena coordinación física y mental que nos cincele como individuos hechos y derechos. Y, como bien suele decirse en otros casos más alegóricos, a lo largo de dicho proceso, es preciso caer para aprender a levantarse.

Pero, además de las caídas, cuyo detonante puede ser tanto un accidente como las carencias motoras de una temprana edad, otro elemento que puede suponer una gran antipatía en los niños son las picaduras de insectos. En este caso, el dolor aparece no como una consecuencia fortuita de una acción previa, sino como una ofensiva directa de una criatura que no vemos o que, por supuesto, asusta. Por lo tanto, como padres y tutores debemos bosquejar algunas estrategias para tratar de reducir el miedo de los niños ante los bichos. Especialmente, porque afrontar nuestros temores es lo que nos puede hacer inmunes a su influencia.


Cómo afrontar el miedo a los insectos en los niños

Sin ánimos de desinformarlos acerca de cuán dañinas pueden ser las picaduras de ciertos insectos, más todavía si existe alguna alergia al respecto, un buen consejo es el de mostrar al niño qué insectos son peligrosos y cuáles inofensivos. En cualquier librería, podremos encontrar una gran variedad de libros infantiles que ilustran con gran atino el enfrentamiento de la ignorancia de los niños contra el conocimiento de cuanto les rodea. De este modo, el niño podrá entender que algunos insectos pican como mecanismo de defensa y que, otros, para alimentarse. De modo que, además de haber aprendido algo nuevo, comprenderá al menos el motivo de dicha picadura antes de guarecerse.

A efectos prácticos, no se trata de mentir a los niños enseñándoles que el miedo no existe, mucho menos que no deben mostrar sus emociones ante el mundo. Todo lo contrario. Se trata de auxiliar con estratégica inteligencia el desconocimiento infantil a fin de educar en la autosuficiencia y la comprensión a pequeños seres humanos que, tarde o temprano, comprenderán la clave de nuestra táctica y la agradecerán. Eso, no obstante, no nos exime de responsabilizarnos sobre el entendimiento de los niños, ya que, si bien el mosquito común provoca poco más que picor, las picaduras de ciertos insectos sí pueden ser realmente peligrosas.

Por ello, no sólo basta con trabajar las reacciones de los más pequeños frente al mundo insectil en general, sino que, es nuestro deber informar debidamente a los niños sobre ante qué tipo de insectos debe ponerse a salvo. Esto, sin embargo, no se traduce en un horario extraescolar para estudiar a fondo las características de cada insecto y su incidencia de contacto con los seres humanos. Es algo muchísimo más simple que eso: hacer al niño partícipe de cuanto le rodea, consciente de los riesgos y peligros, pero que no por ello deba comprometer su sensación de seguridad. Porque, recordemos, la templanza es lo que importa.


Una comprensión basada en el respeto

Además de los mosquitos, hay un gran número de insectos cuya picadura nos puede dar más de un mal rato. No obstante, y a pesar de que la instrucción preventiva sea necesaria, es aconsejable que los niños guarden respeto frente a los insectos. No sólo como una vía para distanciar la interacción, sino porque los insectos, por más molestos que puedan ser a veces, obedecen a una función natural que no debe interrumpirse. Tomando ejemplo de ello, la aparición de una abeja en el hogar no debe ser motivo para deshacerse de ella, mucho menos infundir dicha idea en nuestros niños. Todo lo contrario. Dado que su aguijonazo responde a una reacción de defensa, debemos respetar el curso de polinización de las abejas.

Siguiendo con el ejemplo de la maravillosa abeja, los niños podrán comprender que su función no es atentar contra el ser humano, sino que realizan un proceso capital para el desarrollo y el mantenimiento del ecosistema. Y, cuando nos aguijonea, aun si nos reconocemos inocentes, es sólo por mera cuestión de defensa.  Un método hermoso, consciente y responsable mediante el que, por asociación de ideas, el niño comprenderá que una picadura es uno de los pequeños daños colaterales de vivir en un perfecto ecosistema. Donde cada insecto, desde la mariposa a la polilla y del gusano a la cucaracha, tiene su razón de ser y su función para con él.

Por supuesto, y cuando las picaduras se complican, sean de araña, sarna, chinches o garrapatas, debemos auxiliar debidamente la inflamación. Porque el hecho de enseñar a los niños cómo encajar las picaduras no debe ser tampoco una invitación a la indiferencia, dado que las picaduras, sobre todo si el afectado es alérgico, pueden agravarse en ciertos casos.. El resto, clave del sistema inmunológico físico y mental del niño: dejar que experimente, que sienta y educarlo en base a todo lo aprendido.


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Un comentario de “Reacciones conductuales ante las picaduras de insectos en los niños

  1. Cris dice:

    Uff, este asunto de los insectos a quien no le produce ñáñaras, en lo particular mi hija los odia como yo. Y una de las peores situaciones por las que pasé, fue cuando la picó una abeja y reaccionó de tal manera, que me entró pánico. De verdad es un tema complicado. Agradezco que se hablara sobre ello y los consejos que nos han brindado; yo por mi parte, he aprendido a ser más precavida, limpio mi casa a menudo y tengo a mano insecticida para alejar a los bichos más peligrosos. Por suerte mi gatito también parece ser de ayuda, ya que ha ahuyentado a varios.

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