Cuento infantil: La fábrica de besos voladores



la fábrica de besos voladoresCuento infantil: La fábrica de besos voladores

Los padres de Mirian viajaban constantemente, cosas del trabajo le decía su abuela, era ella quien la cuidaba cuando sus padres se marchaban por la mañana.

Su abuela aunque estaba mayor, la llevaba al colegio todos los días, también la llevaba al parque para jugar cuando hacia buen tiempo, incluso algún domingo se fueron al cine juntas.

Aquella tarde iban como otras muchas las dos de la mano calle abajo, cuando una hoja de papel  que volaba empujada por el viento se estrelló contra el pecho de su abuela.

Mirian la recogió antes de  que se cayese al suelo o reanudase nuevamente su camino por los aires.

Era un papel, no muy grande, de colores, parecía un arcoíris, sin lugar a dudas era una de esas octavillas publicitarias que pasean por todos los lados, y vemos a diario.

La iba a tirar a una papelera pero antes de hacerlo la leyó, lo hizo por curiosidad, y lo que allí ponía era del todo increíble… ¡GRAN INAUGURACIÓN! En letras grandotas… LA FÁBRICA DE BESOS VOLADORES ABRE SUS PUERTAS.

Mirian tuvo que leer un par de veces lo que allí ponía, no sabía que se podían fabricar los besos, y que se pudiesen fabricar besos voladores mucho menos, no dudó en preguntarle a su abuela, ella normalmente lo sabe todo, o por lo menos todo aquello que ella le preguntaba. Siempre tenía las mejores respuestas a sus dudas.

–          ¡Abuela… mira!

Le dijo extendiendo la mano con la octavilla agarrada.

–          ¡Mira… mira! Inauguran una fábrica de besos voladores

–          ¡Vaya! No pensé que llegase a la ciudad tan pronto

Era innegable que su abuela lo supiese todo, sabía incluso hasta eso, tomó la octavilla de su pequeña mano y la leyó, luego  la sonrió y la hizo la mejor de las proposiciones.

–          Que te parece si nos pasamos por allí

–          ¿Por la fábrica?

–          ¡Si… por la fábrica!

–          Pero no la inauguran hasta el sábado

–          Eso no es problema

–          ¿No?

–          ¡Para nada! Aún es pronto, hace aire para estar en el parque, podríamos ir dando un paseo ¿te parece buena idea?

–          ¡Sí!

Mirian apretó la mano de su abuela llena de intriga e ilusión, recorrieron dos calles a la derecha, tres de frente, una a la izquierda, atravesaron dos plazuelas, rodearon el mercado, pero le daba igual caminar un poco más que cualquier otro día de paseo. Su abuela parecía saber muy bien donde estaba la fábrica, y ella no lo ponía en duda.

Mientras andaban se imaginaba como sería eso de fabricar besos, acaso serían de gominola, y si fueran de gominola… ¿Qué clase de gominola puede volar? tenía muchísimas preguntas a tanta incógnita.

Estuvieron caminando un rato hasta que llegaron a un callejón sin salida, en el que había una puerta pequeña de color rosa, era tan pequeña que solo un niño podría pasar de pie por ella.

–          ¡Hemos llegado! Aquí es

Dijo su abuela parándose justo enfrente de aquella puerta, Miriam miró toda la fachada buscando algún tipo de letrero que confirmara que estaban en el lugar preciso, pero no encontró nada. Así que de nuevo preguntó a su abuela.

– ¿Cómo sabes que es aquí? No pone nada

– Estamos en el lugar preciso confía en mí, ahora llamaremos a la puerta… ¿quieres hacerlo tú?

– ¡Vale!

Dio un paso al frente y se dispuso a golpear despacito con el puño derecho, pero su abuela le cogió la mano.

–          ¡ No… no! no debemos llamar de esa manera, a la puerta de una fábrica de besos se llama de otra forma

–          ¿Cómo?

–          Tírala un par de besos, ellos la golpearan como debe ser, con la fuerza e intensidad con la que se debe llamar y esperan que lo hagamos

Aquello no lo entendía muy bien, pero no dudó de lo que su abuela le estaba diciendo, así que se puso la mano derecha sobre los labios y tiró un par de besos a la puerta.

Entonces ocurrió algo asombroso, aquella pequeña puerta del tamaño de un niño de ocho años comenzó a crecer, creció… y creció… tanto que se trasformó en un pórtico enorme de color arcoíris, fue entonces cuando un cartel luminoso indicó que estaban en el lugar preciso.

Encima de aquella gran entrada parpadeaba  emitiendo destellos de todos los colores posibles, parpadeaba de tal manera que uno se podía quedar embelesado mirándolo… FÁBRICA DE BESOS VOLADORES

–          ¡Ves…! Pronto saldrán y nos abrirán

–          Pero la inauguración es el sábado

–          No te preocupes, el dueño es amigo mío

–          ¿Sí?

–          ¡Si…! Le conocí cuando tenía aproximadamente tu edad

–          Y… ¿crees que se acordará de ti?

–          ¡No lo sé! Algo cambiada si estoy desde aquel día, pero por intentarlo no perdemos nada

–          Pues… ¡también es verdad abuela!

Apenas dos segundos más tarde aquella puerta se abrió, lo hizo hacia dentro, sin dudarlo ambas se cogieron de la mano y dieron los pasos al frente necesarios para llegar a su interior.

Un hombre de larguísimas piernas, tan largas que se necesitaría algo más que una escalera para llegar a ver sus ojos, les dio la bienvenida.

–          ¡Que visita más afortunada!

–          ¡Cuánto tiempo!

Contestó su abuela con una gran sonrisa y siguió hablando

–          ¿Por qué no bajas? Me gustaría darte un par de besos que tengo guardados precisamente para este momento

–          ¡Claro que sí! Ya sabes dónde está el pulsador… presiónalo

Su abuela se acercó a aquellas piernas interminables, levantó un poco la pernera derecha y pulsó un botón que sobresalía del calcetín, nada más lo hizo aquel hombre comenzó a encoger. En apenas un pestañear era tan pequeño que para verle uno tenía que agacharse.

–          ¿Mejor ahora?

–          ¡No lo sé! ahora te ves demasiado pequeño que tal si creces solo un poco

Entonces se inclinó, levanto su pernera, volvió a tocar aquel pulsador y pegó un pequeño estirón, tomando la altura que tiene un padre normal.

–          ¡Así mejor!

–          ¡Claro que sí!

Ambos se fundieron en un afectuoso y cálido abrazo, luego se besaron los mofletes, volvieron a abrazarse, volvieron a besarse lo mofletes un par de veces más, aquel hombre pasó su brazo por los hombros de la abuela como no queriéndose separar de ella.

–          Esta señorita, que ahora está algo más alta fue la ganadora indiscutible del único premio que esta fábrica ha dado a lo largo de su vida

–          ¿Es cierto eso abuela?

Preguntó Mirian todo lo asombrada que una niña pudiera estar si se enterase de algo parecido.

–          ¡Así es pequeña!, cuando tu abuela tenía tu edad dibujó el beso más hermoso que jamás había visto. Al principio me pareció una idea descabellada hacer un concurso para buscar la imagen de esta fábrica tan inusual, pero cuando vi aquel dibujo todas y cada una de mis dudas sobre aquel asunto se disiparon, el beso que pintó tu abuela es y siempre será la imagen de… BESOS VOLADORES. ¿Quieres verlo?

–          ¡Claro!

–          Entonces sígueme y comprobarás porque es el beso dibujado más hermoso del mundo.

Recorrieron un pasillo del color del arcoíris, Mirian se sonreía porque le recordaba el camino de Alicia en el país de las maravillas, aunque no sabía si era el mismo, ya que este camino tenía unas nubes en forma de escalones que lo elevaba del suelo.

Subieron dos pisos, luego atravesaron un rellano, luego subieron otros dos pisos más hasta encontrarse con una pasarela que llevaba justo al centro de la fábrica, la recorrieron muy despacio. Mirian miró hacia abajo un par de veces agarrándose a la barandilla pero solo veía nubes de colores, cuando llegaron al final de aquella pasarela entraron en un mirador enorme, tenía un kiosco musical, un carrusel de caballitos, un puesto de nubes de algodón, un jardín repleto de flores, juguetes por todos los lados, sin duda era un mirador de ensueño.

-¡Hemos llegado! Este es el corazón de la fábrica, aquí es donde nacen los besos voladores

Miriam miró buscando la máquina que los fabricaba, miró muy despacio recorriendo todo el mirador, pero no encontraba la máquina.

– ¿Dónde está la máquina?

– Pequeña niña, no hemos venido hasta aquí para ver la máquina de besos voladores, esa es altamente secreta, está bien escondida, guardo cuidadosamente su fórmula, recuerda hemos llegado hasta aquí para ver el dibujo ganador… ¡el único! El especial y premiado dibujo de un beso volador

– ¡Es cierto! Discúlpeme

– Disculpas aceptadas, aquí lo tienes…

Dijo señalando una burbuja de jabón suspendida en el aire, era del tamaño de un balón, y recorría el mirador a su antojo acompañada de otras  más pequeñas. Mirian se aproximó y la observó fijamente pero no veía nada.

–          ¿Dónde está el dibujo?

–          Dentro de la burbuja mi pequeña Miriam, dentro de la burbuja

Miriam volvió a mirar prestando muchísima atención a su interior, pero no lograba ver absolutamente nada

–          ¡No veo nada!

–          ¡Oh… discúlpame! He tenido un pequeño error al darte las instrucciones,  guardo tan celosamente la imagen que solo puede verse con la clave secreta.

–          ¡Disculpas aceptadas!

Contestó Miriam muy educadamente pero llena de impaciencia.

–          Deberías ponerte justo frente a la burbuja y dar un beso a tu abuela, esa es la clave secreta

La abuela se acercó lo suficiente para que se pudieran besar, entonces le dio uno de esos besos que eran capaces de remediarlo todo, uno de esos besos que están tan llenos de amor y cariño, que cuando los recibes te corren por todo el cuerpo hasta llegar al corazón.

Tras aquello Miriam volvió a mirar la burbuja pero siguió sin ver nada de nada.

–          No veo… ¡nada!

–          ¿Estás segura?

Fijó la mirada intensamente, esforzándose muchísimo por encontrar el dibujo pero no lo veía.

–          ¡No lo veo!

–          Porque no miras desde el ángulo correcto, a mí me sucedió lo mismo el primer día que quise verlo. Para poder verlo deberías recordar el beso que te gustaría que te dieran, o el que quisieras dar, o el que más quieres del mundo, también valdría el último que te han dado, claro que solo funciona con aquellos que son de verdad, que se dan porque contienen amor.

Aquellas palabras hicieron que Miriam recordase el beso que su abuela le acababa de dar, y como por arte de magia la imagen fue a parar dentro de la burbuja.

–          Pero este es el beso que nos acabamos de dar

Dijo mientras observaba como aquel beso se encontraba en su interior.

–          Por eso es el beso pintado más bonito del mundo, la primera vez que lo vi dibujado en su interior estábamos mi padre y yo, sin lugar a dudas mi pequeña niña las cosas verdaderamente hermosas son aquellas que guardamos con cariño, y para cada uno de nosotros es diferente, cada beso es importante, lo bonito de este dibujo es que contiene todos y cada uno de los besos de este mundo, era imposible no darla el premio… ¿verdad?

–          La verdad es que original es un rato y… ¿por eso se llaman besos voladores?

–          ¡Ah… bueno! Se llaman besos voladores porque pueden volar, y por tanto también pueden llegar a su destinatario

–          ¡Oh… que interesante! ¿cómo?

Mientras carraspeaba como intentando guardarse la contestación a aquella pregunta que Miriam le acababa de hacer, introdujo su mano derecha en el bolsillo interior de su chaqueta, y sacó un pompero, estiró el brazo y se lo ofreció.

–          Con nuestro sistema de correo avanzado, cuando lo inventé no sabía para que podía servir, hasta que tu abuela me enseño el valor del recuerdo de un beso, vale también para todo tipo de muestras de cariño

–          Pero esto es un pompero de toda la vida

–          ¡Qué niña más lista! Ha descubierto mi fórmula secreta esto me indica que la visita no puede demorarse más y que la damos por finalizada, te puedes quedar con nuestro sistema de correo

Miriam dejó la fábrica de besos voladores conociendo un poco más a su abuela, no era de extrañar que le gustara tenerla a su lado, siempre corrían todo tipo de aventuras, todas tan diferentes que no se aburría nunca.

Pero aquello de que un pompero fuese un sistema de correo le parecía increíble, y de camino a casa se lo comentó a su abuela.

Ella no tardó en explicarle que lo que viajan son los sentimientos, que cuando eso sucede nos entra nostalgia, anhelo, echamos de menos a la persona querida, no pudiendo evitar acordarnos de ella, y que quizás las pompas de jabón si puedan llevar besos voladores y llegar a sus destinatarios, que… cosas más raras había visto ella.

Por Estrella Montenegro para Educapeques

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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