Cuando el TDAH no es TDAH (malos diagnósticos y sus consecuencias)



Una de las patologías que sufre un gran número de prejuicios es, sin duda, el TDA y TDAH. Sin embargo, este prejuicio no debe sorprendernos o extrañarnos puesto que hay muchos profesionales que afirman que “ni siquiera existe dicho trastorno” o “que los niños son mal diagnosticados como TDAH y son medicados en base a diagnósticos equivocados”. No ahondaremos en el hecho de si existe o no dicha patología puesto que cada profesional puede o no estar de acuerdo (según la corriente a la que responda) respecto a los orígenes de esta patología, pero sí veremos las consecuencias de un mal diagnóstico de TDAH y TDA en niños


¿Cómo se diagnostica un TDAH o TDA?

Ciertamente ya hemos hablado en incontables oportunidades sobre las diferencias del TDAH y del TDA. Así, ya describimos que, el TDA suele pasar mayormente desapercibido en relación al TDAH (con hiperactividad), donde el niño cuenta con una actividad extrema y notable que le impide permanecer callado y/o quieto.

No obstante, no todo niño inquieto debe ser diagnosticado con TDAH, puesto que existen diversas corrientes de abordaje antes de poder diagnosticar dicho trastorno. Dicho de otro modo: no todo niño inquieto tiene TDAH.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, un niño con TDAH presenta una falla o mala constitución subjetiva. Desde la perspectiva neurocientífica, por otra parte, existen alteraciones en zonas del cerebro donde la actividad neurológica es mayor y otras donde la actividad merma en relación a otros niños sin hiperactividad. Esto indicaría que el TDAH es una condición neurológica que se hereda, no se adquiere.


¿Quién puede diagnosticar a un niño con TDAH?

Es importante recordar que, todo diagnóstico en la infancia, debe escribirse con lápiz. Esto quiere decir que lo que un niño manifiesta en un momento (y en base a eso se realiza un diagnóstico), puede, con ayuda psicológica, pedagógica o atención de algún tipo, cambiar e incluso hasta desaparecer. Así, evaluar a un niño con o sin TDAH no resulta tarea sencilla y debe ser puesto en práctica por el profesional indicado y revisado periódicamente.

El diagnóstico de un niño con TDAH se realiza en la clínica pedagógica o psicopedagógica. Por otra parte, según el DSM V, los síntomas deben ser más de 2 (de los que allí se describen) y manifestarse durante al menos 6 meses. Por lo tanto, es un diagnóstico que no se puede hacer de modo apresurado, puesto que se cae en errores y medicaciones equivocadas.


¿Cuáles pueden ser las consecuencias de un mal diagnóstico de TDAH?

Podemos mencionar algunas de las consecuencias de dicho diagnóstico erróneo, aunque cada niño puede sufrir mayores o menores consecuencias en virtud de la cantidad de medicación y el tiempo que haya estado diagnosticado como TDAH erróneamente.

  • Alteraciones neuropsicológicas. Comportamientos que se intensifican puesto que, en algunos niños, la medicación podría producir el efecto contrario al deseado. Es decir, darle a un niño medicación indicada por el neurólogo podría provocar una alteración mayor al efecto sedante que se desea obtener.
  • Niños a los cuales la medicación solamente calma pero, por mal diagnóstico (es decir porque el niño no padece TDAH sino que ha sido mal diagnosticado), encubre otro conflicto que no es percibido por el profesional.
  • Problemas de aislamiento. A menudo la medicación se utiliza en exceso, lo que lleva a que el niño pase de un extremo (estado de excitación) a un desgano o calma exagerada (estado de apatía y hasta depresión).

¿Qué es lo que podemos hacer para evitar un diagnóstico erróneo de TDAH?

  • En primer lugar, debemos evitar los diagnósticos apresurados. Es decir, aquellos diagnósticos basados en unas cuantas observaciones sin establecer el período que indica el DSM – V.
  • En segundo lugar, no toda persona puede diagnosticar a un niño con TDAH. A veces las docentes son las primeras en alertar que “algo no está bien en uno de los niños en el aula”. Esto es de suma importancia y utilidad, pero no debemos caer en el error de diagnosticar o etiquetar a un niño antes de tiempo pensando, por ejemplo: “creería que este niño tiene TDAH porque no para de moverse ni un minuto”. En este caso, comentemos el error de sesgar la realidad del niño puesto que, casi siempre, existen otros factores que hay considerar tanto dentro como fuera del aula.
  • Acudir con un profesional que sí pueda diagnosticar TDAH y que tenga en cuenta toda la realidad del niño: dentro y fuera del aula, evaluación familiar y otros entornos a los cuales el niño acuda (clubes, lugares recreativos, iglesias, etc), conocimiento de la estructura psíquica del niño y de su realidad interior, entre otras cosas.

© 2019 ▷ Educapeques ➡➤ [ Cuando el TDAH no es TDAH (malos diagnósticos y sus consecuencias)  ] María Eugenia Daney Escuela de padres @educapeques

Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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