Protestón y quejica. Un pequeño gruñón en casa.



Últimamente observas cómo tu hijo protesta y se queja por todo cuanto le dices o le propones. Se ha vuelto gruñón, protestón, cascarrabias, malhumorado, aguafiestas y ceñudo. Parece que nada de lo que hagas, propongas o sugieras le venga bien. Se está convirtiendo en uno de esos niños que a pesar de tenerlo todo se pasa el día refunfuñando y protestando, un pequeño cascarrabias capaz de arruinar cualquier fin de semana o actividad si no aprendes a poner punto y final a sus  constantes quejas.

Pero la cuestión es qué le está pasando para que se comporte así. ¿Es normal? ¿Forma parte de la propia evolución de nuestro hijo o debemos preocuparnos y observarle atentamente? Entender qué origina esas protestas y qué las mantiene en el tiempo nos permitirá ir reduciéndolas y cambiar el modo de estar en el mundo de nuestro pequeño gruñón.

5 importantes motivos desencadenantes de protestas y quejas en los niños

Existen muchos motivos por los que los niños se vuelven protestones, gruñones y quejosos, pero estos 5 son los que consideramos como los más habituales e importantes:

  1. Vivir bajo un exceso de normas y límites. Los estilos educativos rígidos, autoritarios o demasiado estrictos suelen producir, en muchos casos, el efecto contrario de lo que se pretende. Los niños se rebelan contra los límites, normas y figuras de autoridad cansados de oír reproches, recibir sanciones o privaciones de cualquier tipo y por cualquier cosa que pretendan hacer.
  2. Aprendizaje del entorno familiar. Sabemos que los niños aprenden mayoritariamente observando, imitando y probando conductas que ven en otros, especialmente las que realizan sus figuras de referencia (papá, mamá, hermanos mayores, maestros y profesores). Las demostraciones afectivas como el enfado, las malas caras o las malas contestaciones también se aprenden. Debemos tener cuidado con el modo de actuar delante de ellos para no contagiarlos con nuestra negatividad. ¿Somos unos padres que nos quejamos de todo cuánto hacen nuestros hijos? Si proyectamos alegría los veremos felices, alegres, llenos de vitalidad, oiremos sus risotadas y les veremos brillar alrededor nuestro. En cambio, si lo que exhibimos es continua desesperación, frustración, rabia, enojo recibiremos con toda seguridad mucho de lo que hemos ido sembrando: niños malhumorados que se enfadan por todo, que lo contestan todo y que no disfrutan con nada. En ocasiones se trata de un efecto transitorio producto de una fase evolutiva, pero en otros se trata de un aprendizaje emocional y conductual.
  3. Estar pasando por una fase normal del desarrollo infantil. A lo largo del desarrollo de nuestros hijos es posible que pasen por distintas etapas en las que se muestren más tercos, obstinados y protestones. Por ejemplo entre los 2 y 5 años los pequeños viven una etapa de autoafirmación en la que las negativas y protestas son constantes, de igual modo ocurre durante la adolescencia, un momento vital en la que los niños sienten la necesidad de irse desmarcando de las pautas familiares para reivindicar su propio modo de pensar.
  4. Ser una respuesta a los celos que siente hacia su hermano o hermana. Si bien los celos infantiles son universales y naturales son también dolorosos y dañinos. Los celos causan grandes cambios de conducta en nuestros hijos por lo que debemos procurar tratarlos con cautela, con mucha mano izquierda y sobretodo con paciencia.
  5. Una forma de llamarnos la atención. Este factor puede estar ligado al anterior en muchos casos, en otros aparece sin necesidad de que haya otro hermano o hermana del que se sientan celosos. Sea como sea debemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Es posible que crea que cuando se queja le prestamos más atención? Muchas veces nuestros hijos se sienten solos a pesar de que estemos a su lado, necesitan constantemente sentirse el centro de atención, sentirse queridos, valiosos y personas con pensamientos a tener en cuenta. Vamos con tanta prisa que en muchas ocasiones no tomamos en cuenta sus gustos, sus preferencias, sus pensamientos, sus deseos de hacer o no hacer alguna cosa. Hacemos y deshacemos sin tenerlos en cuenta y son personas con criterio propio, aunque este no esté del todo tan bien formado como el nuestro. Aun y así debemos permitir que tomen también ellos pequeñas decisiones.

protestón

¿Cómo actuar ante un niño protestón, quejica o gruñón?

Todo dependerá de qué esté causando las protestas, las quejas o el malhumor de nuestro hijo. Como hemos ido anotando, los factores son variados, por lo que en primer lugar debemos hacer un análisis de la situación y el tipo de dinámica familiar en la que nos movemos.

Sea cual sea la conclusión a la que lleguemos tendremos que adoptar soluciones diferentes, aunque el objetivo siempre será que nuestro hijo encuentre el equilibro necesario para gozar de la vida y de las actividades que le proponemos.

Conocer y descubrir qué es lo que genera ese malestar nos permitirá trabajar el camino para el cambio de actitud en nuestros hijos. Lo que seguro que no debemos hacer es ignorar sus quejas aunque en ese instante no respondamos a ellas. Entrar en confrontaciones tampoco servirá de nada más que para empeorar el ambiente familiar. Por tanto, como padres responsables de la educación de nuestros hijos, debemos mostrarnos tranquilos antes estos comportamientos. Esto no significa ceder a sus protestas, pero sí escucharlas e intentar entender los detonantes.

Un pequeño gruñón y protestón en casa

Sara Tarrés

www.mamapsicologainfantil.com

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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