El periodo de adaptación es importante para el niño



Cuando hablamos de periodo de adaptación hay opiniones para todos los gustos: profesores a favor y en contra, padres a favor y en contra… Realmente es un tema complejo por la cantidad de factores que abarca: temas de conciliación, de respeto a los ritmos… Los que seguro que estarían si se les preguntase totalmente a favor del periodo de adaptación serían los niños. Por eso voy a hablar de este centrándome en ellos y en la importancia que se ha demostrado que tiene la creación de vínculos y la seguridad afectiva, ya que es la base para explorar y por lo tanto aprender.

 

¿Qué es el periodo de adaptación?

Es el tiempo que tarda un bebé o un niño en estar a gusto en un nuevo entorno y/o con personas nuevas, en que amplíe sus vínculos a personas o lugares no familiares.

El niño que hasta ahora había estado con su familia, amplía su mundo, y para sentirse bien, necesita vincularse con nuevas personas porque son las que le proporcionarán seguridad.

Las adaptaciones no son exclusivas de los niños, los adultos también necesitamos periodos de adaptación aunque tenemos las herramientas para vivirlos de otra forma: ¿cómo te sientes el primer día de un nuevo trabajo?, ¿o cuando te quedas en paro?, ¿o cuando te independizas del hogar familiar?  Cuanto más pequeño es el niño, el periodo es más costoso.

¿Cómo lo suelen vivir?

Según Balaban (2000), los niños se sienten infelices, abandonados, apartados, sin nadie que les quiera, por eso se aterrorizan, se enfadan, lloran, chillan, tiran cosas, pegan, se quedan junto a la puerta, intentan escapar…

“agarrarse, llorar, llamar o seguir a los padres son comportamientos característicos de todos los pequeños humanos” aferrarse a la madre (o adulto de referencia) ante lo desconocido no es sinónimo de dependencia, sino un comportamiento innato de apego.

¡Y no es para menos!

El niño no entiende por qué está ahí, no es capaz de imaginarlo por mucho que le expliquemos y lo vivencia como un abandono. Un bebé humano es dependiente y separado de su cuidador principal, peligra su supervivencia, es instinto de nuestra especie. El bebé no entiende si está en una escuela o en una cueva y hay un depredador al acecho; no entiende de hipotecas, jefes o necesidades adultas, sólo de la naturaleza del ser humano.

“La adaptación a la escuela infantil no es un hecho natural”, Quinto, 2010.

Aunque el periodo de adaptación lo viven todos los niños, no todos los niños lo exteriorizan de la misma forma:

Otros están como si nada, entran, juegan… pero pasados unos días, estallan.

También encontramos niños que esconden sus sentimientos, no tienen un interés particular por aprender ni por los demás niños. Siendo esta, una forma diferente a como se comporta en casa.

Otros se aferran a lo que traen de casa, no quieren ni quitarse la chaqueta…

Aunque hay formas diferentes de exteriorizarlo, un vínculo de apego seguro con su cuidador principal, aquel en el que se responde a las necesidades del niño,  hay contacto físico, se le coge, hay afecto, se está en sintonía… le creará una base más segura con la que enfrentarse a esta nueva situación.

 

¿Hay algunas fases típicas?

López (2007) en su libro, nombra 3 fases que no son universales pero que aparecen en un número importante de menores:

  1. Protesta: es cuando el niño toma conciencia de que se queda solo y se siente amenazado o en peligro. Aparecen los llantos fuertes, intentos de huída, rechazo a los nuevos cuidadores, rabietas, conductas agresivas… 
  2. Ambivalencia: es cuando va perdiendo vigor la protesta y aparece una alternancia imprevisible en la que el niño está bien con periodos de ansiedad, rechazo con sollozos, angustia… pero empieza a aceptar la ayuda que le ofrecen. (Según el autor aparece entre los 8 días y el mes). 
  3. Adaptación: es cuando el niño acepta los cuidados y participa. 

 

El periodo de adaptación es importante para el niño

 

¿Cuánto tiempo dura el periodo de adpatación?

Depende de cada niño, durará el tiempo que tarde en vincularse a una nueva persona y a un nuevo espacio. Ese tiempo es diferente en cada persona. Es entonces cuando comenzará a explorar el espacio, los materiales, a jugar y por lo tanto a descubrir y a aprender. Hasta entonces estará centrado en lo que es vital para él: la supervivencia, porque se siente en peligro. Es común que no quiera comer, no juegue, no se relacione con otros niños… y mucho menos que realice actividades, porque su necesidad principal, la de sentirse seguro, la afectiva, no está satisfecha.

¿Se puede acortar?

Cuando un niño se siente en peligro, necesita estar cerca de su figura de apego (madre o cuidador principal) porque le aporta seguridad y confianza; si pretendemos forzar algo que da miedo, generará aún más miedo y no haremos más que alargar el proceso.

Si pensamos en un adulto que tiene miedo a los perros ¿dejará de tenerles miedo porque le obliguemos a acercarse a ellos?

La creación de un vínculo no se hace de la noche a la mañana, necesita tiempo y espacio compartido.

Gervilla (2006) nos habla de algunos niños que en lugar de un periodo de adaptación han hecho un “periodo de resignación”, son niños cuya conducta externa parece que expresa conformidad, que han abandonado su forma explícita de protesta pero que no han abandonado sus sentimientos internos, persistiendo dificultades con la comida, ausencia de contacto y relación, etc.

En muchos centros se aconseja que los padres estén con los niños en el aula ya que son su figura de referencia desde la que explorar el entorno, con ellos se sienten seguros (o menos ansiosos) en un espacio desconocido. Desde esa seguridad, lo niños pueden ir conociendo al nuevo adulto, creando vínculos, viéndolo como una persona de confianza. Junto a sus padres, pueden moverse por el nuevo espacio, jugar… Cuando los padres están presentes, los niños se muestran más abiertos socialmente. Algunas familias creen que si están ellos presentes no favorecen el proceso, pero imagínate que te hospitalizan (situación que suele generar ansiedad, miedo…) ¿cómo prefieres estar, sólo o con los que te quieren y apoyan? Los seres humanos de todas las edades, están más seguros y se enfrentan mejor a las dificultades cuando están junto a los que le quieren. El niño, lo necesita con más motivos. ¿Acaso el niño no está acompañado cuando va al pediatra?, ¿sería más sencillo si entrase el niño solo a la consulta?

Hay ocasiones en las que no es posible acompañarlos durante este periodo: por motivos laborales, del centro… siendo conscientes de lo que supone para el niño el cambio, podemos intentar compensarlo de la mejor manera que sepamos y no olvidar nuestros sentimientos, reconocerlos, hablar sobre ellos y compartir nuestras dudas y miedos con la persona que vaya a estar con nuestro hijo.

En casa suelen aparecer cambios…

Tanto si lo exteriorizan en la escuela, como si no, es común que en casa se perciban cambios: a veces parece que están bien pero la intranquilidad que sienten se manifiesta durmiendo peor, aparecen pesadillas, terrores nocturnos, no quieren volver al colegio… Pueden estar más sensibles, querer estar junto a los adultos y no separarse de ellos, querer que los cojan en brazos… ¿qué podemos hacer?

¡Pues cogerlos, darles mimos, cariño…!

Atender esas necesidades que manifiestan ¡lo necesitan!

 

¿Y si ya han ido a otra escuela?

En ocasiones se produce un cambio de cuidador, de centro y muchos padres se preguntan sobre la necesidad de hacer una nueva adaptación. El niño tiene que crear nuevos vínculos con personas desconocidas. El hecho de acudir a un centro no significa que se sienta seguro en todos los centros. Imagínate que cambias de empresa, aunque sepas desempeñar tu oficio, debes de adaptarte a las nuevas instalaciones, compañeros… seguro que te lleva un tiempo volver a sentirte como antes.

Antes no se hacía y no pasaba nada…

También las separaciones en nuestra sociedad se hacen cada vez antes, no hay más que ver nuestro permiso de maternidad de 16 semanas…

El psicoanálisis y el conductismo, dos corrientes psicológicas muy distantes entre sí pensaban que los niños se apegaban a sus madres porque los alimentaban y que mostrar conductas de apego más allá de la época de lactancia era algo regresivo; pero a partir de los años 50, se realizaron investigaciones porque se dieron cuenta de que muchos de los niños que vivían en orfanatos, tenían problemas en la parte afectiva, a pesar de estar limpios y alimentados, solían sufrir el llamado síndrome de hospitalismo y llegaban incluso a morir. Bowlby como principal representante de la teoría del apego y otros investigadores, demostraron que el apego, tener un vínculo afectivo seguro con al menos una persona, que respondan tus necesidades, que te quieran…  en los seres humanos era más importante que estar limpio y alimentado. Hoy en día sabemos que crear  y mantener  vínculos seguros durante la infancia tiene una gran importancia para la salud mental posterior, para relacionarnos con los demás y para nuestra forma particular de percibir el mundo.

Este vínculo es especialmente fuerte e intenso desde los 6 meses a los 3 años, aunque se mantiene durante toda la vida, pero por este motivo hay que ser conscientes de lo que supone la separación de la figura de referencia (sobre todo en niños que aún la están creando) y la creación de nuevos vínculos a estas edades.

A partir de los 3 años, las separaciones se van haciendo más sencillas y después de los 6, el niño ya tiene un vínculo consolidado y es capaz de anticipar e imaginarse a dónde va a ir, entiende el lenguaje y las razones de la separación, su noción de tiempo está más desarrollada y por lo tanto su vivencia es diferente a la de los niños pequeños porque ya tienen herramientas para hacer frente a las separaciones.

Es cierto que no es sencillo tratar el tema del periodo de adaptación porque influyen muchos aspectos, no se trata de juzgar ni de hacer sentir culpable a nadie, sino de tener en cuenta a uno de los protagonistas: al NIÑO, de tomar conciencia de sus necesidades, la importancia y el proceso de la creación de vínculos, del tiempo que cada uno necesita, de cómo acelerar o forzar no beneficia, de permitir que el niño se exprese emocionalmente para conseguir que sea un periodo de adaptación y no de resignación.

Laura Estremera Bayod

Maestra de audición y lenguaje, Técnico superior en educación infantil, autora de Criando.

Página de facebook:  https://www.facebook.com/actividadesparaguarderia

Blog:  www.actividadesparaguarderia.blogspot.com

Puedes descargarte mi libro Criando gratuitamente:  http://www.bubok.es/libros/245841/CRIANDO

Balaban, N. (2003) Niños apegados: niños independientes. Narcea ediciones. Madrid

Bowlby, J. (1989) Una base segura: aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós ibérica. Barcelona.

Bowlby, J.(2006) Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida. Morata. Madrid.

Cantero, M. J; Pautas tempranas del desarrollo afectivo y su relación con la adaptación al centro escolar. Informació psocológica,  (82): 3 – 13, agosto 2003.

Domingo, P. (2014) Necesidades, sentimientos e implicación parental en el periodo de adaptación: los planes de acogida como génesis de las relaciones familia- escuela. Universidad de Cantabria.

Gervilla, A. (2006) Didáctica básica de la educación infantil. Conocer y comprender a los más pequeños. Narcea ediciones. Madrid

Lahorra, C. (2013) Las aulas de 0 a 3 años, su organización y funcionamiento. Narcea ediciones. Madrid

López, F. (2007) La escuela infantil: observatorio privilegiado de las desigualdades. Grao. Barcelona.

Quinto, B. (2010) Educar en el 0-3. Grao.

© 2017 El periodo de adaptación es importante para el niño. Educapeques

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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