Controlar las Rabietas según Montessori



Controlar las Rabietas según Montessori
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Rabietas según Montessori: A diferencia de otras corrientes de pensamiento, María Montessori afirmaba que un niño expresa una rabieta pues le falta algo, una necesidad vital insatisfecha. Entonces los niños lloran, patalean, gritan, etc cuando los adultos les impedimos hacer algo que resulta indispensable para ellos.

El problema se presenta puesto que los niños tienen otra visión de las necesidades que los adultos no compartimos (y viceversa). Por esta razón, muchas veces no sabemos qué es lo que necesitan.

Entonces, y desde este punto de vista, las rabietas nos enfrentan con la necesidad de averiguar qué es aquello que el niño necesita y expresa mediante las rabietas.

¿Qué podemos hacer para controlar las rabietas según Montessori?


Seis pasos para controlar las rabietas según Montessori

 

  1. En primer lugar la María Montessori afirma que debemos evitar nuestra cólera. Es indistinto el sistema de autocontrol que escojamos, lo importante es evitar perder la calma. Te recomendamos leer el artículo:
frasco de la calma
Frasco de la Calma (María Montessori). Reducir el estrés en los niños

 

  1. En segundo lugar debemos comprender que, según este método, los niños no tienen “caprichos” sino que son necesidades insatisfechas.
  1. Luego debemos explicarle al niño que comprendemos su enfado. Aunque no podamos evitar que se enoje, al menos se sentirá contenido.
  1. Prometerle o permitirle hacer aquello que él quiere, pero en otro momento. Por ejemplo, si nuestro hijo quiere ir a la plaza pero tenemos prisa, prometerle que luego (por la tarde, mañana, etc. Es mejor ser preciso en el tiempo dentro de lo posible), iremos a la plaza pues ahora no tenemos tiempo.
  1. Por último, dejarle llorar. Muchos niños, ante la respuesta negativa de sus padres, comienzan una rabieta. Decirles que pueden llorar es la mejor manera de respetar su enojo. Pero también podemos mostrarles que, al llorar, se está perdiendo de otras increíbles cosas: un pájaro de colores bellos en la plaza, una canción, un juego, etc.
  1. A estas alturas es importante mencionar que no todas las rabietas son iguales. Muchas pueden solucionarse de modo más simple, pero otras demandarán más energía y tiempo. También debemos considerar que a veces los niños están atravesando crisis: comienzo de clases, discusión con algún compañero, etc y necesitan elaborar su propia rabieta o bronca.

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Técnicas para rabietas más severas

  • No tomes la rabieta como algo personal. Simplemente no estés a la defensiva. Por el contrario, intenta explicarle al niño que estás de su lado e intentas ayudarle.
  • Ponte a su altura. Agáchate hasta que los ojos de tu hijo y los tuyos estén a la misma altura. Esto le dará la seguridad al niño de que estas hablado de “igual a igual” y no que tus palabras son una imposición adulta. Dicho con otras palabras, con esta actitud le muestras a tu hijo que le respetas.
  • Respetar la presencia de la rabieta. A nadie le gusta presenciar una rabieta pero debemos ayudarle a nuestro hijo a reconocer ese sentimiento sin juzgarle. Es decir, debemos impedir la percepción de que “una rabieta es mala” pues, en realidad, no lo es. Es una forma de comunicarse y de decir (por parte del niño) que “algo no le gusta o no anda bien”.

 

  • Demuéstrale que lo comprendes pero no intentes razonar con él hasta tanto no se le haya pasado la rabieta. Si intentas racionalizar en un momento de rabieta, solo lograrás perder la propia calma.
  • Pregúntale: ¿Qué necesitas? Cuando hacemos esta pregunta, el niño mantiene su mirada en un punto fijo durante unos segundos, luego responde. Presta atención a aquello que diga pues puede sorprenderte pero es realmente lo que necesita.

¿Y qué hacemos cuando todo esto no funciona?

Es cierto que cada niño es diferente a otro. Hay niños con los que nada de lo antes dicho resulta. Entonces ¿qué hacemos?

  • Prueba dejando al niño un rato a solas. Así como hay adultos que necesitan calmarse en soledad, lo mismo ocurre con los niños.
  • Otros niños responden bien cuando los ignoramos ¡Sí! Aunque nos sorprenda esto, así es. Luego debemos elogiar al niño cuando éste hace algo positivo o que nos haga sentir bien. Por ejemplo:
    • Me gusta cuando sonríes
    • Gracias por ayudar a asear tu habitación
    • Me gusta cuando conversamos tranquilos mientras tú pintas

Desde luego que los elogios no deben hacerse en el momento de las rabietas sino antes o posteriormente. Se trata de un método inconsciente de aprobación-reprobación: aprobación de aspectos positivos de la conducta (comportamiento) del niño. Reprobación de los aspectos negativos: malos comportamientos, rabietas, malas contestaciones, etc.

 

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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