Mi hijo no hace caso. Primera Parte

no hace caso

“ Mi hijo no hace caso ”. Esta es con mucha diferencia la queja que la mayoría de los padres expone respecto al comportamiento de su hijo. Ellos mismos reconocen que no es un problema grave, pero que les desgasta y agota. En esta primera parte, voy a tratar de describir brevemente el problema y explicarles cómo se genera.

Las familias que exponen esta situación describen comportamientos como los siguientes:

– Su hijo responde con un “no quiero” cuando los padres le piden algo.
– Si le dicen que deje de hacer cualquier cosa inadecuada, el niño continúa haciéndola,
– Si le llaman la atención o lo requieren parece que no escucha y sigue con lo suyo, y situaciones similares.

Además, para que el niño o la niña obedezca es necesario llamarle muchas veces la atención, gritarle o tomar otro tipo de medidas.

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Suele generar como he dicho, un desgaste continuo en los padres y sentimientos de ineficacia ya que piensan que están perdiendo su autoridad, que no son capaces de manejar el comportamiento de su hijo, que lo están haciendo mal… La situación empeora cuando además comienzan los reproches entre uno y otro miembro de la pareja.

En muchas ocasiones es un comportamiento que sorprende a los propios padres. Su hijo o hija era más o menos dócil y hacia los 3 o 4 años comienza a comportarse de esa manera y a cuestionar la autoridad paterna.

Las causas de ese comportamiento pueden ser muy diferentes. En primer lugar, debo decir que hasta cierto punto, es normal que aparezca. Sí, es una forma de mostrar su autonomía e independencia, una forma decirles “yo ya no soy un bebé como hasta ahora, y quiero hacer las cosas a mi manera”. Una manifestación, por cierto, inadecuada, y que poco a poco los padres tendrán que reconducir.

En todo caso, me suelo encontrar un “factor común”: sin quererlo los padres “RECOMPENSAN” ese comportamiento, lo premian,  por tanto, lo refuerzan y lo consolidan. Sí, aunque les parezca complicado efectivamente eso sucede y les explico cómo lo hacen:

– Cuando el niño no hace caso, obtiene la recompensa de seguir efectivamente con lo suyo durante más tiempo, librarse de algo que, en ese momento no les apetece… De esta forma comprueba que “no hacer caso resulta efectivo” para librarse de lo que los padres le están pidiendo.
– En segundo lugar, muchos padres ya admiten como premisa que su hijo se va a negar a lo que le pidan y realizan las llamadas de atención con poca convicción y esperanza. Esto vuelve a reforzar el comportamiento de su hijo que ve que efectivamente da resultado.
– Por último, cuando “no hacen caso”, consiguen un premio excelente: que le presten durante unos segundos o minutos una atención especial. Efectivamente, comprueban que este comportamiento hace que los padres dejen lo que están haciendo para centrarse solo en él, aunque sea para regañarle, pero sentirse el centro de atención durante unos minutos es un “premio” que vale la pena para ellos, sobre todo cuando han comprobado que solo consiguen con ese comportamiento.

Como muchos podrán comprobar, este tipo de refuerzos hace que la conducta se consolide y sea complicada de modificar.

En la segunda parte de esta entrada que expondremos próximamente, continuaremos con este tema y les facilitaré las pautas para afrontar la situación y corregir este comportamiento.

Jesús Jarque García.

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