Los niños de cristal: El bosque de los secretos

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En las profundidades de un bosque misterioso, repleto de enigmas y espectáculos ocultos entre sus sombras, se despliega un relato que sobrepasa los límites de lo cotidiano, invitándonos a adentrarnos en un reino donde lo inconcebible se convierte en realidad. El cuento, «Los niños de cristal«, nos sumerge en la vida de una familia que enfrenta pruebas inimaginables, revelándonos el poder del coraje, la astucia y el amor incondicional. A través de sus páginas, descubriremos valores como la obediencia, la perseverancia y la importancia de cuidar a los seres queridos.

Prepárate para ser parte de esta aventura que promete encender la chispa de la imaginación y recordarnos que, incluso en los momentos más oscuros, hay luz esperando ser encontrada.

¡Sumérgete en esta mágica historia y deja que te envuelva en su hechizo!


Hace algún tiempo, vivían en una casita en el bosque una madre con sus tres hijos pequeños. Todos los días, la madre marchaba a cortar madera y buscar nueces, mientras los niños quedaban solos en la casita. Cada vez que se disponía a salir, les decía lo siguiente:

  • Tened cuidado, hijos míos. Mientras yo esté fuera, no abráis la puerta a nadie ni os asoméis a la ventana.

Los niños obedecían, y ya podía venir el rey en persona a tocarles la puerta, que ellos no abrirían. Pero con la llegada del invierno, tuvieron cada vez menos que comer. Pasaban días enteros sin probar bocado alguno, y la madre regresaba del bosque casi siempre con las manos vacías.

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Una tarde, estando solos en la casita, los niños escucharon tres toques en una de las ventanas. Era un hombrecillo regordete con chaleco de botones y zapatos con hebillas doradas. Traía una tarta de manzana recién horneada, y les habló así:

  • Niños, niños, venid a la ventana… os traigo una tarta de manzana.

Pero los hermanos corrieron a esconderse, y el hombrecillo dejó la tarta en la ventana, y se marchó. Al rato, el mayor de ellos no pudo soportar la tentación y atraído por el olor, abrió la ventana y metió la lengua en la tarta de manzana diciendo:

  • Si en vez de comerla, solo la pruebo… ¿Qué podría suceder?

Pero aconteció que la lengua se le volvió de cristal. Estaba tan asustado que se escondió debajo de la mesa, y cuando llegó la madre preguntó a los otros dos:

  • ¿Dónde está vuestro hermano?

Ellos no supieron qué decir, y contestaron así:

  • De tanto que ha jugado se ha quedado dormido, madre. No despertará hasta mañana.

Al día siguiente, la mujer marchó al bosque como de costumbre y les recordó a los dos hermanos que no abrieran la puerta ni se asomaran a la ventana. Pero a media tarde, escucharon tres toques. Era el hombrecillo nuevamente en la ventana, y traía una crema de almendras. Entonces dijo:

  • Niños, niños, se os erizará la piel… con esta crema de almendra y miel.

Los niños fueron a esconderse, y una vez que el hombrecillo se hubo marchado, se acercaron a la ventana y vieron una olla con la crema de almendra y miel. Aún estaba caliente y se veía tan deliciosa, que el segundo de los hermanos metió el dedo en la olla y dijo:

  • Si en vez de probarla, solo la toco… ¿Qué podría suceder?

Pero no tardó en ver que su dedo se le hacía de cristal. Casi se moría del miedo y corrió bajo la mesa. Llegó la madre tiempo después, y solo vio al menor de sus hijos. Le preguntó:

  • ¿Dónde están tus hermanos?

El niño no supo qué decir, y contestó así:

  • Han jugado tanto que se han quedado dormidos, madre. No despertarán hasta mañana.

Al otro día, la madre marchó temprano. Le advirtió al niño que no abriera la puerta ni se asomara a la ventana. Sin embargo, a la tarde vino el hombrecillo otra vez. Dio tres toques en la ventana y con un mazapán bajo el brazo dijo así:

  • Niños, niños, con esto se divertirán… es un rico mazapán.

El hombrecillo se marchó como hacía siempre, y dejó el mazapán en la ventana. Tenía un olor tan exquisito, que el menor de los hermanos no pudo resistirse, acercó la nariz y dijo:

  • Si en vez de tocarlo, solo lo huelo… ¿Qué podría suceder?
    Sucedió que la nariz se le puso de cristal. Gritó del espanto y corrió bajo la mesa. Luego llegó la madre y como no encontraba a sus hijos, buscó por toda la casa. Los encontró finalmente bajo la mesa, pero ahora tenían todo el cuerpo de cristal.

La mujer abrazó las tres estatuas con gran tristeza y se quedó junto a ellos toda la noche llorando. Después amaneció, y a la tarde, regresó el hombrecillo con su traje de botones y sus zapatos de hebillas doradas. Traía galletas de canela, y dijo:

  • Niños, niños, perded la cautela… solo son galletas de canela.

En ese momento, la madre se asomó a la ventana y vio al hombrecillo como se marchaba en un caballo negro, así que lo siguió detrás. Lo encontró al rato durmiendo a los pies de un rio. Entonces, desató al caballo y se colocó en su lugar, cubriéndose el cuerpo con una capa negra.

De este modo, cuando el hombrecillo despertó, se subió a la mujer pensando que esta era su caballo y echó a andar. Llegaron a un claro del bosque donde habían dos puertas: una de oro y otra de sal. Cruzaron la puerta de sal y siguieron por un camino hasta llegar a una laguna helada.

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A la orilla de la laguna, había un sapo con los ojos vendados y la boca abierta. El hombrecillo atrapó un mosquito que revoloteaba allí y se lo puso al sapo en la boca. Entonces, el hielo se rajó y se hizo a un lado, y la laguna se abrió hasta el fondo donde había un agujero muy pequeño. Se adentraron en el agujero y salieron a otro bosque con flores grises y árboles negros.

El hombrecillo llegó hasta el árbol más grande de todos. Estaba sujeto por una hebra de plata alrededor del tronco. Tiró de la hebra de plata y el árbol se acostó suavemente sobre el suelo. Entonces apareció bajo las raíces una casita pequeña con siete puertecitas y siete ventanitas, y el hombrecillo entró en ella.

La mujer quedó fuera, y cuando se hizo de noche, se acercó despacio a la casita y miró por las ventanitas. El hombrecillo daba brincos en un salón y reía como si estuviese loco. Al rato, se le escuchó que decía:

En una casita hay tres niños de cristal. Qué mal, qué mal,
pues han de vivir como tal.

Si alguien quiere que les libre, Qué terrible, qué terrible,
que los mojen en leche con jengibre.

Al oír aquello, la mujer salió corriendo del lugar. Cortó la hebra de plata que sujetaba el árbol, y este volvió a su sitio cubriendo la casita del hombrecillo. Después, regresó al agujero en el fondo de la laguna y le quitó la venda al sapo. La laguna se cerró de un golpe y el sapo se marchó saltando, pues ahora era libre. Finalmente, al llegar a la puerta de sal, vertió un poco de agua sobre ella hasta que se deshizo por completo. De este modo, el hombrecillo jamás podría regresar.

Cuando llegó a casa, tomó a los tres niños de cristal y les vertió encima un poco de leche con jengibre, y no pasó mucho tiempo para que sus hijos volvieran a ser como antes. La madre los abrazó y estuvieron tan felices, que olvidaron el asunto y vivieron en paz y armonía por el resto de sus días.

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FIN

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Este fantástico cuento no solo nos sumerge en un viaje a través de lo mágico y lo desconocido, sino que también nos ofrece valiosas lecciones y valores que podemos aplicar en nuestra vida diaria.

Entre las enseñanzas más destacadas, encontramos:

  • La obediencia y la prudencia: Los niños, al desobedecer las advertencias de su madre, enfrentan consecuencias inesperadas. Este relato nos recuerda la importancia de escuchar y respetar las recomendaciones de quienes nos cuidan, pues su sabiduría y experiencia buscan protegernos.
  • El valor del coraje y la astucia: La madre de los niños, frente a la adversidad, demuestra una valentía y astucia sin igual. Su determinación para salvar a sus hijos nos enseña que, ante los desafíos, el ingenio y la valentía son herramientas poderosas para superar obstáculos.
  • La importancia de la familia y el amor incondicional: A lo largo de la historia, se pone de manifiesto el fuerte lazo que une a la familia. El amor incondicional de la madre, que no duda en enfrentarse a lo desconocido por sus hijos, resalta el valor de la familia como pilar fundamental en nuestras vidas.
  • La perseverancia y la esperanza: Incluso cuando todo parece perdido, la madre no se rinde en su búsqueda de una solución para salvar a sus hijos. Este cuento nos motiva a mantener la esperanza y a persistir ante las adversidades, recordándonos que siempre hay una luz al final del túnel.
  • La sabiduría de escuchar y aprender: La revelación final del hombrecillo sobre cómo romper el hechizo muestra que, a veces, las respuestas a nuestros problemas pueden encontrarse en los lugares más inesperados. Estar abiertos a escuchar y aprender de cualquier fuente es una sabiduría que este cuento nos invita a cultivar.

El cuento mágico «Los niños de cristal» no es solo un relato de fantasía, sino un espejo que refleja valores universales, invitándonos a reflexionar sobre la importancia de la prudencia, el valor, el amor y la perseverancia en nuestras vidas.


La comprensión lectora es una habilidad fundamental en el desarrollo educativo de los niños, ya que no solo se trata de leer, sino de entender, reflexionar y aprender de lo leído. A través de la comprensión, los niños pueden mejorar su pensamiento crítico, ampliar su vocabulario y desarrollar una mayor empatía.

Por ello, es esencial incentivar la práctica de preguntas que les ayuden a reflexionar sobre los cuentos y sus mensajes. «Los niños de cristal» es un cuento rico en aventuras y enseñanzas, perfecto para fomentar la comprensión lectora.

A continuación, presentamos 7 preguntas que invitan a los niños a pensar más allá del texto y a sumergirse profundamente en la historia:

  1. ¿Por qué la madre advierte a sus hijos que no abran la puerta ni se asomen a la ventana cuando ella no está?
  2. ¿Qué simboliza la transformación de los niños en cristal al probar los alimentos que les ofrece el hombrecillo?
  3. ¿Cómo reaccionó cada niño ante la tentación y qué enseñanza podemos extraer de sus acciones?
  4. ¿Qué estrategia utilizó la madre para liberar a sus hijos y qué valores se pueden aprender de su comportamiento?
  5. ¿Qué representa el hombrecillo en la historia y por qué crees que ofrece regalos a los niños?
  6. ¿Cómo crees que se sintieron los niños al volver a la normalidad y qué aprendieron de toda la experiencia?
  7. Si pudieras darles un consejo a los niños antes de que la madre se fuera al bosque, ¿qué les dirías?

Estas preguntas no solo ayudarán a los niños a mejorar su comprensión lectora, sino que también les enseñarán a pensar críticamente y a extraer valiosas lecciones de las historias que leen.


© 2024 ▷ Educapeques ➡➤ [ Los niños de cristal: El bosque de los secretos ] Cuentos infantiles ✏️ César Manuel Cuervo | 👨‍🎓Cuentacuentos @educapeques

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