Cuento infantil: Helados para el calor



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Cuento infantil: Helados para el calor

dragónCuentan, que cuentan los que se inventan, que… hubo una vez un dragón, que terminó siendo glotón, por culpa de un sofocón.

Cuentan que… ¡allá! Pero muchos años antes de los que te puedas imaginar; en el reino de los dragones sultanes, nació un dragón emperador.

Y… ahora os preguntareis ¿Qué diferencia existe entre una u otra clase de dragón?

Pues… ¡existe! Y es una de esas diferencias, que por muy pequeñas que nos parezcan, por muy insignificantes que se asomen, incluso por ser la única, es tan diferente, que marca sin lugar a dudas la diferencia.

 El protagonista de esta historia careció de nombre hasta el día del suceso. Pues no antes, ni después, si no en aquel preciso instante, aquellos desconcertados padres supieron que nombre ostentaría su primer hijo.

Nosotros, no nos paramos a pensar lo difícil que les fue a nuestros padres buscarnos un nombre. Porque un nombre es para toda la vida, y ya solo por eso es complicado.

Sofocón nació un día de lluvia, eso ya era raro, porque que un dragón nazca un día de lluvia, es tan raro como nacer un treinta y uno de febrero. Lo que viene a ser básicamente imposible.

Sin embargo sofocón nació un día de lluvia, y no en un día de lluvia cualquiera, ni llovía poco que apenas se percibiese, ni lo suficiente para notarlo, aquel día llovían todos los mares que no existían en su planeta.

La madre de Sofocón contó, que como llovía tanto, pero tanto… tanto, que el agua alcanzó el nido que le cobijaba, se asustó, porque pensó que se estaba hundiendo en el agua, pensó que ya estaba bien grande, aunque le quedaran cien soles para romper el cascarón. En definidas cuentas Sofocón pensó que tenía que nacer en aquel preciso instante, y nació.

Que fuese la primera vez en la historia que lloviese de aquella manera, no iba a ser impedimento para que pudiera ver el Sol brillar, después de que el agua limpiara el cielo.

El caso es que Sofocón tragó un poco de agua, antes de respirar por primera vez, y esto le apagó la mecha; la mecha es una cosa importantísima en los dragones, sin ella no podrían exhalar fuego. La explicación científica fue muy rigurosa antes de dictaminar lo que dictaminó, que no fue otra cosa que Sofocón tenía la mecha apagada.

La madre de Sofocón cuando se enteró quiso ayudar a su pequeño como fuese, así que acudió, viajó y fue a todos los sitios a los que una madre puede acudir

Unos cuantos científicos estaban a punto de concluir un descubrimiento prodigioso, estaban a punto de fabricar el primer encendedor de mechas de dragones creado en la historia. Pero solo estaban a punto, pues necesitaban comprar más material y algunas que otras cosas, y carecían de medios para hacerlo. Así que mientras buscaban fondos para ayudar a Sofocón, y a quienes por una u otra razón se les apagara la mecha; tenía que seguir viviendo en el mundo de los dragones.

A las pocas horas de nacer un dragón tiene su primera exhalación de fuego, y aunque sea pequeña, apenas perceptible. Es necesario que la tenga; crecerá en magnitud acorde con el desarrollo del dragón, siendo proporcional a su madurez. Así que para que los dragones puedan crecer necesitan una mecha.

¿Por qué echan fuego los dragones? Los dragones exhalan fuego, porque generan azufre en sus pulmones, y para deshollinarlos de vez en cuando, retinen la respiración un par de instantes, y luego prenden la mecha y cuando exhalan el aire que han respirado, provocan una llamarada. Es cosa de su peculiar naturaleza.

dragonY… ¿qué pasaría si un dragón no pudiera deshollinar sus pulmones? Pues… que le entraría un calor por todo el cuerpo, que se podría convertir en fiebre, y la fiebre no es nada buena.

Así que para prevenir esa fiebre, intentaron primero encender su mecha, para ello le dieron de comer chiles picantes, de hecho Sofocón solo comió chiles picantes, desde que nació hasta aquel día que le pusieron por fin el nombre.

No se sabe muy bien si fue por comer tanto chile picante, o porque simplemente solo comió chile picante, el caso es que a Sofocón le entró una fiebre muy mala. Porque estaba generando y acumulando ya no el azufre que tan mal sienta a los dragones, también estaba padeciendo los efectos de una carolina chilena picante.

Cuando los mofletes de Sofocón se tornaron completamente rojo amapola, su madre volvió a pedir consejo a aquellos científicos que estaban a punto de descubrir, pero aún no habían podido. Y estos le dijeron que no le diera chiles, que eso era como echar leña al fuego, sin que estuviera prendido. Que lo mejor era darle algo que fuera completamente diferente, completamente lo contrario, para que de esta manera poderlo controlar. Y aunque aún solo fuera otra de sus investigaciones, esta era la única viable hasta que fabricaran el encendedor de mecha.

Llegaron a la conclusión que lo más contrario al fuego, era el hielo, así que tenían que darle de comer hielo, tras eso solo quedaba esperar.

La madre y el padre de Sofocón, volaron muy… muy lejos para encontrar el hielo más limpio y más puro que existiera. Atravesaron las primeras montañas, cruzaron incluso las quintas y las sextas, y cuando llegaron a la octava, vieron el hielo más puro, y más limpio que jamás habían visto, aquel hielo no tenía ni albergaba ni la más pequeña mota de azufre, ni de sus pulmones, ni tan siquiera de las cenizas de sus llamas.

Empacaron un gran trozo, y se lo llevaron de inmediato. Sofocón seguía… ya no solo con sus fiebres, ahora tenía también ardores de estómago y hambre.

El primer helado que se le sirvió a un dragón fue aquel; un delicioso sorbete de hielo, limón y bicarbonato.

Fue increíble, casi casi de inmediato a Sofocón le bajaron los calores, le desaparecieron los ardores, y se sintió satisfecho y lleno.

El segundo y el tercer helado también fueron sorbetes, más que nada para bajar la fiebre, pero cuando la fiebre quedó controlada. Y mientras fabricaban aquel mechero para dragones, Sofocón tenía que comer helados. Los siguientes fueron más elaborados, pues su madre fue cogiendo experiencia, y se los comía de todos los sabores.

Seguro que estáis pensando… de ¡vainilla! De… ¡chocolate! Pues… ¡no!, sus helados eran de margaritas y césped, de juncales y nenúfares. Otra cosa que no sabéis de los dragones, es que aparte de ser exclusivamente herbívoros, no les gusta el dulce, son más de guindillas y chiles.

Así que después de todo, a Sofocón eso de no tener la mecha encendida, se le quedaba todo como muy mucho en un sofocón, por eso y no por otra cosa le llamarón Sofocón.

Y es Sofocón el único dragón conocido en el mundo y en la historia que no escupe fuego, y come helados, más que nada por lo del calor.

Cuento infantil por Estrella Montenegro




Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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