Cuento infantil: El fantasma de las sabanas mojadas



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Cuento infantil: El fantasma de las sabanas mojadas

Serafín tenía seis años, por lo tanto hacía ya tiempo que no usaba pañales. Pero últimamente, bueno… lo cierto es que algunos días se levantaba con las sábanas mojadas.

La primera vez que sucedió nadie pareció importarle; un pis se le escapa a cualquiera. Pero dos o tres días después volvió a suceder.

Fue una mañana de sábado, su madre se había levantado hacía ya un buen rato, al igual que su padre; a los dos les extrañó que Serafín no estuviese ya despierto. Pues siempre era el primero en levantarse, fuese Domingo o Festivo.

 cuento infantil

-¡Qué raro que el niño siga dormido! – Dijo su madre

-¡Sí que es raro! Con las ganas que tenía de salir en bici hoy por la mañana, cuando hace bueno y quedamos para salir en bici viene a despertarme a la cama ¡sí que es raro! – Comentó su padre

-¡Será que está agotado! Déjale dormir

Matizó su madre, mientras terminaban de desayunar en la cocina.

Serafín escuchaba todo lo que decían bien despierto y sentado en la cama, y no es que estuviese agotado, o que no tuviera ganas de salir en bici, es que había vuelto a suceder.

Y no sabía cómo explicárselo a sus padres, porque por más vueltas que le daba no encontraba ninguna explicación a aquel suceso.

-¡Yo no me hago pis! ¡Hace mucho tiempo que no me hago pis encima! ¡Esto no es culpa mía!

Pensaba y pensaba Serafín, pero mientras pensaba no solo pasaba el tiempo; también seguía su cama y su pijama mojado.

A una hora prudente sus padres decidieron ir a despertarle, ellos seguían pensando que Serafín seguía dormido; cuando abrieron la puerta le vieron allí sentado.

Su madre pensando que se acaba de despertar, subió la persiana de la ventana y descorrió un poco las cortinas para que entrase el Sol, de aquella mañana tan brillante y bonita.

Pero Serafín no se movió de la cama, es más… no movió ni uno solo de sus dedos, de sus piernas o sus brazos. Su madre al verle así tan petrificado se pensó que había caído enfermo y corrió a la cama para tomar la temperatura de su frente.

-¿Te encuentras mal hijo? ¿Qué te sucede? – Preguntó preocupada

-¡No sé lo que pasa! ¡No tengo la menor de la ideas!

Contestó Serafín poniéndose a llorar a continuación; entonces su madre le abrazó para consolarle, su padre se sentó también a su lado le beso y le rasco los pelos de la cabeza.

Tras unos besos y comprobar que no tenía fiebre su madre le dijo…

-No parece que tengas fiebre ¿Te duele algo?

-¡No!

-¿A caso has tenido alguna pesadilla?

-¡No!

-Entonces lo que te pasa es que se te han pegado las sabanas, y esto se soluciona así…

Le dijo mientras echaba las sábanas hacía los pies de la cama, dejando al descubierto lo que tanto preocupaba a Serafín.

La madre miró al padre, el padre miró a la madre, y luego le miraron a él, Serafín esperaba que le cayese una reprimenda o algo, pero en vez de eso, su madre hizo como si tal cosa, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Le sacó una muda nueva del armario, y le pidió que fuera a lavarse y cambiarse.

Se fue cabizbajo hacia el aseo, y por el camino fue pensando…

-¿Por qué mis padres no se enfadan? Es como si yo llevase toda la vida haciéndome pis encima ¡están locos o qué!

Lo que no sabía Serafín es que sus padres si estaban preocupados por aquello, pero no querían que él se sintiera mal. Porque desde luego a nadie le gusta mearse en la cama.

Aquel sábado todo trascurrió normal, nadie hablo de aquel asunto, o por lo menos nadie lo hizo delante de él. Y lo mismo sucedió todas las demás veces que volvió a suceder.

Pero Serafín tenía que hablar de aquello con alguien, alguien que no fuese la psicóloga del colegio, alguien que de verdad le entendiera y le explicase ¿por qué le sucedía aquello?

Así que una de las tardes que su tío Juan fue a verle a casa, y en el cual confiaba por encima de todo, le expuso su problema.

Estaban jugando solos en la habitación con su video juego favorito “Las ranas zombis contra los mosquitos invisibles” cuando le dijo…

-¿Puedo confiar en ti tío Juan?

-¡Pues claro sobrino! ¿Por qué me preguntas eso ahora? No pensaras que no te estoy cubriendo en la orilla del rio, si te han atacado los mosquitos es porque no funciona bien la tecla “R” del mando.

-No lo digo por eso…

-Entonces… ¿por qué lo dices?

-Porque me pasa una cosa muy rara que me gustaría contarte

-¡Ah sí!

-¡Si!

Entonces su tío Juan paró el video juego, se puso frente a él, y le pidió que se lo contara.

-¿Te has hecho pis encima, alguna vez tío Juan?

-Déjame que piense…. Creo que… ¡sí!

-¿Cuándo?

-Si te lo cuento, tienes que prometerme no contárselo a nadie

-¡Te lo prometo!

-¿De… tío a sobrino?

-¡De tío a sobrino! Lo juro

Le dijo Serafín mientras enlazaban los dedos meñiques de las manos a modo de compromiso para toda la vida, o toda la eternidad según se mire.

-Cuando me paso ya era yo bien grande…

-¿Cómo de grande?

-¡Mucho… muchísimo!

-¿Eras más mayor que yo?

-Fíjate si era ya mayor que tenía carnet de conducir, aunque por aquel entonces todavía no tenía coche.

-¡Ostras! Que grande eras tío

-Estaba yo haciendo la mili…

-¿Qué es la mili tío Juan?

-Lo que antes llamaban el servicio militar

-Y… ¿Eso que era?

-Era que te metían a ser soldado te gustase o no ¿quieres que te lo cuente?

-¡Si, claro! ¿Fuiste soldado?

-¡Sí que lo fui… sí! El caso es que en el cuartel llevaban casi… casi un año… o…. ¡más! Queriendo pillar a un truhan, un pillastre, un malhechor, un malandrín. Llevaban un montón de meses con sus días y con sus noches queriendo coger infraganti a quien gastaba una broma muy pesada todos los días.

-¿Qué es lo que hacía?

-Mojaba las camas de los soldados, a veces una, a veces dos, incluso algunas veces nos despistaba porque no mojaba ninguna. El caso es que nuestro capitán nos había dado órdenes precisas, que no eran otras que las de mantener bien abiertos los ojos en las guardias para pillarle.

-¡Normal! A los capitanes se les tiene que hacer muchísimo caso a… ¿qué si?

-¡Ya te digo! El caso es que cada vez que nos tocaba guardia… allí estábamos ojo avizor, mirando, observando, escudriñando en la penumbra de la noche. Pero… ¡nada! Fuese quien fuese se las sabia todas. Una mañana fui yo quien se levantó con todas las sábanas mojadas, incluso tenía mojado el pijama, pasé más vergüenza que siete enanos gigantes. Menos mal que los otros soldados, mis compañeros de batallón conocían más que de sobra que no había sido yo al único que le había sucedido. Fue esa mañana y no otra cuando me jure pillar a quien lo había hecho…

-¿Te hiciste pis encima tío?

-Yo no recuerdo hacerme pis, lo que sí sé es que me levante todo mojado, eso si que lo recuerdo, pero déjame que te siga contando….

-¡Si… si!

-Esa misma noche me ofrecí voluntario para realizar la guardia, nadie se la juega a tu tío Juan y se va como si nada. El caso que allí estaba yo… en la garita aquella, en plena madrugada, la luna era tan pequeña que no se veían con claridad ni las uñas de las manos. Por eso estuve más despierto que nunca, no perdí de vista ni un momento el horizonte. Hasta que lo vi

-¡Lo viste! ¿Qué viste?

-¡Al truhan, al malandrín, al malhechor! Se había tapado con una sábana y cruzaba por el patio de armas, venía del pabellón número dos. Tomé el fusil de asalto apunté a la sábana y le di el alto… ¡Alto ahí! ¿Quién va? Entonces y sin saber cómo desapareció ante mis ojos…

-¡Ooooh! ¡Qué rápido!

-Sin aún creérmelo volví a escudriñar bien el horizonte, pero… ¡nada! O se había hecho invisible o era un plus marquista deportivo en rapidez de escape….

-Y… ¿Qué pasó?

-Pasó que tan solo unos segundos después, sentí un escalofrío recorrer mi espalda, era como si dos ojos se hubieran pegado en mi cogote, me di la vuelta muy despacio y…

-¿Qué pasó… que pasó?

-Que… ¡me hice pis!

-Pero… ¡qué dices tío Juan!

-Lo que escuchas, allí mismo, mientras sujetaba el fusil de asalto haciendo guardia en la garita me mee encima, pero no te creas que fue porque si y… ¡ya! ¿Por qué crees que fue?

-Porque… ¡tenías miedo!

-¡No!

-¿Por qué llevabas mucho tiempo aguantándote el pis?

-¡No!

-Entonces… ¿Por qué tío Juan?

-Porque quien estaba detrás mío no era otro que el mismísimo fantasma de las sábanas mojadas

-¡Oooh!

-Era él quien corría por el patio de armas y desapareció, pero… después hable con él y me lo contó todo.

-¿Hablaste con el fantasma?

-¡Pues claro! No pensaras que me había meado del miedo

-¡No! Para nada

-El pobre no estaba nada orgullo de lo que sucedía

-¿Qué sucedía?

-Que su amigo el Tirillas le había dado por escaparse una noche sí y otra también; y claro el salía corriendo para buscarle, más que nada para que no se perdiera, y su sola presencia hacia que a gente se le escapase el pis, por eso le llamaban el fantasma de las sábanas mojadas.

-¡Ay pobre! Así… ¿que por eso te hiciste pis?

-¡Pues claro! Creo que esa es la última vez que yo recuerdo haberme hecho pis encima, pero… ¿por qué me lo has preguntado?

-Porque yo si me hago pis por las noches últimamente

-¡Tú no te haces pis encima desde hace muchísimo tiempo!

-¡Que sí tío Juan! ¡Que no te miento!

-¡Que no te digo! Eso es que anda por aquí el fantasma de las sábanas mojadas corriendo detrás de Tirillas. Pero tú no tengas miedo, porque es buena gente. El día que encuentre a su amigo Tirillas dejaras de levantarte mojado.

-¿Tú crees?

-¿Tu tío te ha mentido alguna vez? puede que te cuente algún cuento alguna que otra,

pero… ¡mentirte! Lo que se dice mentir…. Mentir ¿Tú crees que te he mentido?

-¡No!

-Pues… ¡eso! No le des mucha importancia a lo de tus sábanas, y términos la partida… ¡esta!

Y así fue como Serafín dejó de preocuparse por lo de sus sábanas, y como le dijo su tío cuando menos se lo espero dejó de suceder.

Cuento infantil por Estrella Montenegro




Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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