Relatos de Navidad: Un trineo para Papá Noel



Relatos de Navidad: Un trineo para Papá Noel
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Relatos de Navidad

Un cuento sobre la importancia de ayudar a los demás y no juzgar a las personas por el aspecto que puedan tener.

Hoy Belén no tiene cole, es sábado y como ya faltan tan solo dos semanas para Navidad, han decidido que se dedicarán a comprar todo lo necesario para dar un toque navideño en su casa.

Prácticamente se les va toda la mañana de compras y antes  de que se den cuenta, llega la hora de comer. Belén le dice a su madre que quiere ayudarle a preparar la comida y juntas preparan algo sencillo de comer.

Después de recoger, Belén se dirige a su cuarto y con ayuda de su papá, descubre otra de las  ventanas. Esta vez, la figura que hay tras la ventanita es un pequeño trineo.

-¡Hala! Un trineo como el de Papá Noel.- dice Belén saboreando la pequeña chocolatina.

-Pues mira, de eso mismo irá el cuento de esta noche.

Como no hace demasiado frio, aprovechan para dar una vuelta por la ciudad y cuando llegan a su casa, Belén ya está muy cansada. Le preparan un vasito de leche caliente y después de tomárselo se va a la cama.

Sus padres le ayudan a arroparse y sentados a los pies de su cama, su padre comienza con el cuento.

 

Relatos de Navidad: Un trineo para Papá Noel

-“Erase una vez, hace mucho tiempo, un pequeño trineo al que preparaban para viajar.

Ese pequeño trineo no era otro que el de Papá Noel, tenía ya muchos años, pero con los cuidados que le proporcionaban los elfos y el mismísimo papa Noel, parecía que estuviera recién estrenado. Era de un color rojo intenso, con los bordes del mismo pintados en blanco, como si fuera nieve derretida. Al final del trineo llevaba unos cascabeles y, año tras año, le cargaban con todos los regalos que habían pedido sus niños en las cartas que días antes le habían enviado a Papa Noel.

Los elfos habían terminado su trabajo y comenzaron a colocar a los renos, con Rodolfo como guía, de manera que les fuera fácil tirar del viejo trineo. Con el peso de Papa Noel y todos los regalos, los elfos temían que algún día el pequeño trineo no aguantase más y se rompiese en pleno viaje.

-Eso sería terrible- dijo uno de los elfos.- tenemos que convencer a Santa de que cambie el viejo trineo y se construya uno nuevo.

-Si, si… tienes razón.- añadió un elfo más joven- cualquier día de estos nos llevaremos un disgusto.

Una vez estuvo todo preparado, Santa se dispuso a subir al trineo y a indicar el camino a Rodolfo. Era el momento de comenzar a entregar los regalos, sino no llegaría a tiempo a todos los rincones del mundo.

Todo parecía que iba bien cuando, de repente, a mitad del viaje sintió como si hubiese tropezado con algo y cuando miro hacia atrás…

-¡Oh, no! – grito echándose las manos a la cabeza.- Rodolfo, para que perdemos los regalos.

El viejo trineo no había podido aguantar más y se había roto por la parte trasera, dejando caer los regalos a su paso.

Como pudieron aterrizaron en un pequeño pueblo en el que todavía no había anochecido lo bastante como para que Papa Noel pasara a dejar sus regalos, de hecho era uno de los destinos en los que solía parar a su vuelta a casa.

Pero esta vez paraba por una emergencia y, totalmente desesperado comenzó a recoger los regalos que estaban tirados por el suelo. Cuando Santa levantó la vista del suelo, vio a un niño con dos de sus paquetes en los brazos.

El niño vestía unos pantalones. dos tallas más grandes de las que necesitaba. Tenía unas viejas zapatillas con agujeros en los dedos gordos de los pies y su pelo estaba revuelto y con aspecto descuidado.

-¿Santa? ¿Eres Santa Claus de verdad?- le preguntó con los ojos abiertos como platos.

-Si, soy yo. Ya sé que todavía no debería haber llegado- le dijo preocupado al niño.- pero necesito ayuda.

Papá Noel le explicó al niño lo que le había ocurrido y que necesitaba arreglar su trineo cuanto antes si quería entregar todos los regalos antes de Navidad.

-Pero, ¿Cómo te puedo ayudar? No tengo nada que te pueda ofrecer. Bueno, puedes venir a casa y tomarte algo calentito. – le dijo el niño.

Papá Noel acompañó al niño que le ayudó empujando su trineo, vivía en una destartalada casa, quizá la más vieja de aquel pueblo y cuando vio como se desenvolvía para prepararle una taza de chocolate, no dudo en preguntarle.

-¿Vives solo aquí?

-No, vivo con mis padres. Pero están trabajando y no vendrán hasta muy tarde.- le dijo acercándole la taza.- Verás cuando se enteren de que has estado aquí.

-No deben saberlo. Será nuestro pequeño secreto, ¿de acuerdo?- le preguntó Papá Noel guiñándole un ojo.-Ahora me tengo que marchar a solucionar mi problema con el trineo.

-Si quieres… puedes usar el mío.- dijo el niño señalando un pequeño trineo- No es muy grande, pero te puede servir.

Papá Noel lo miró de arriba abajo y seguidamente llamó a Rodolfo que, tras escuchar lo que le dijo, salió volando.

No habían pasado ni diez minutos cuando Rodolfo ya volvía con ayuda. Unos cuantos elfos venían subidos a su lomo con un saquito que despertó la curiosidad del niño.

-¿Qué es?- preguntó acercándose a los elfos.

-Es polvo mágico.- le dijo Papá Noel. – Con solo una pizca servirá para que tu trineo vuele como el mío.

-¿Si?-  insistió el pequeño. – ¿Cómo?

– Con la ayuda de mis renos. Esos polvos mágicos hacen que el trineo pese menos y mis renos hacen el resto.

– ¡ooohh!- exclamó el niño asombrado.

Papa Noel le dio las gracias al niño por su ayuda y ambos se fundieron en un abrazo. Una vez que los elfos subieron de nuevo todos los regalos sobre el trineo del niño, se subieron al viejo trineo de Papa Noel y desaparecieron en el cielo.

Papa Noel hizo lo mismo, pero al tiempo de comenzar a ascender le preguntó al niño:

-¿Cómo te llamas, pequeño?

-Pedro, me llamo Pedro.- le dijo despidiéndose.

-Muchas gracias, Pedro. ¡Nos vemos esta noche!- gritó desde su trineo.

-¡Adiós Santa! – dijo corriendo tras el.- ¡Feliz Navidad!

-¡oh, oh, oh, Feliz Navidad! – se oyó a lo lejos.

Pedro cenó con su familia y se fue a la cama, se moría de ganas de contar a sus padres lo que había ocurrido mientras ellos estaban en su trabajo, pero sería traicionar a Papá Noel y tampoco quería eso.

Al día siguiente, cuando Pedro se levantó, encontró una carta bajo el árbol. En ella Papá Noel le daba las gracias por su gesto tan generoso y le indicaba que saliera a la calle, pues tenía una sorpresa. Un gran regalo por salvar la navidad.

Corriendo salió a la calle, haciendo caso omiso a sus padres que, desde la cocina le decían que se abrigase antes de salir.

Pedro se quedó sin habla por un momento,  justo al lado de la puerta y pegado a la pared, había un trineo totalmente nuevo.

Rojo, con los bordes blancos como si le hubiese nevado encima y con unos cascabeles en la parte de atrás.”

-Y colorín, colorado…- finalizó su padre.

– ¡Era el trineo de Papá Noel! ¡Le había regalado su trineo!- exclamo Belén emocionada.

– Si, tan bien se había portado Pedro con él, que había decidido arreglar su trineo y regalárselo como muestra de su agradecimiento. Y ahora a dormir.

Belén no podía dejar de pensar lo maravilloso que sería poder viajar en el trineo de Papa Noel y con ese pensamiento, la pequeña se quedó durmiendo.

FÍN

Relatos de Navidad: Un trineo para Papá Noel. Ficha  de comprensión lectora

1.- ¿De qué es el cuento que le toca a Belén?

 

2.- ¿Qué le ocurre a Papá Noel en su viaje?

 

3.- ¿Cómo se llama el niño que le ayuda?

 

4.- ¿Qué crees que le pide Papá Noel a Rodolfo?

 

5.- ¿Cómo le agradece al niño su ayuda?

 

© 2017 Relatos de Navidad: Un trineo para Papá Noel. Rosi Requena para Ideas para Navidad

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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