Cuento pez arcoiris: Cuentos infantiles cortos Educapeques



Cuento pez arcoiris


Cuentos infantiles sobre peces: Cuento pez arcoiris  para enseñar a los niños el valor de compartir

Cuenta la historia que en un arrecife muy lejano, vivían toda clase de especies de peces de maravillosos colores. Realmente había peces fascinantes, pero uno de ellos sobresalía por su increíble belleza: el pez arcoíris era el más bello de todo el arrecife pues sus brillantes escamas podías reflejar todos los colores del universo.

 

Todos los peces jugaban juntos en el arrecife, desde el pez más pequeño y con menos colores hasta el más hermoso que, sin dudas, era el pez arcoíris.

 

Un buen día, un pececito que no era demasiado bonito, se acercó al pez arcoíris y le dijo:

  • Pez arcoíris, tú que eres el más hermoso de todo el arrecife ¿podrías obsequiarme una de tus hermosas escamas?

 

El pez arcoíris miró al diminuto pez de color gris con escamas negras. Le observó con desprecio y dijo:

 

  • Jajaja ¿Cómo piensas que un pez tan bello como yo puede darte una de mis valiosísimas escamas a ti? ¿Para qué querrías lucir una escama tan bella? Se perdería entre tus escamas oscuras y tristes.

 

El pececito, sin comprender demasiado la actitud de arcoíris, insistió:

 

  • Pero arcoíris, tienes tantas escamas que si me regalas al menos una pequeñita estoy seguro que ni lo notarás.

 

El pez arcoíris, ya cansado de la conversación le respondió mirándole con desprecio y yéndose del lugar:

 

  • Ni lo sueñes pececito – y se retiró del lugar sin girar siquiera…

 

El pez gris, triste por tal actitud regresó a su casa y les contó a sus hermanos todo lo que había sucedido. Al día siguiente los peces tenían que ir a la escuela pero el pececito estaba tan triste que también le contó a su maestra lo que había ocurrido con el pez arcoíris. Pronto, todo el arrecife se conmovió con la historia del pez gris y ya no querían invitar a jugar al pez arcoíris.

Poco a poco el pez arcoíris, el más bello del arrecife, se fue quedando solo.

 

Un buen día se dio cuenta que nadie le saludaba, ni siquiera le invitaban a cumpleaños o fiestas… Se sintió tan triste que se acercó a una raya que parecía tener muchos años y le preguntó:

 

  • ¿Por qué me siento tan mal si soy el pez más bello de todos?
  • No lo sé, pero puedes preguntarle al anciano caracol que vive del otro lado del abismo. Él, con sus años y experiencia, podrá decirte el motivo de tu malestar.

 

El pez arcoíris pensó en el caracol y se alejó en busca de éste. Atravesó todo el abismo hasta encontrar una cueva en donde le habían dicho que podía encontrar al sabio caracol. Cuando llegó el caracol se encontraba leyendo un viejo libro de hojas amarillas y arrugadas. Por encima de sus gafas le miró y dijo:

 

  • Sé porqué vienes a mí, pececito. Tu problema es la vanidad.

 

El pez arcoíris no comprendía bien qué era lo que aquel viejo caracol le estaba diciendo.

 

  • Sé también que no entiendes de qué estoy hablando, ¿verdad? Pues te lo explicaré: Tú eres sin duda el pez más bello de todo el arrecife pero la vanidad que has demostrado a los otros peces te ha alejado de todos y de todo. Entonces ¿de qué te sirve tanta belleza si nadie puede admirarte?

 

Arcoíris no podía creer cómo aquel anciano caracol podía saber lo que él ya había pensado en el trayecto desde el arrecife hasta aquella cueva. Con los ojos abiertos simplemente asintió con su cabeza. El caracol le miró, cerró su libro y continuó hablando:

 

  • Te diré que es lo que tienes que hacer: si algún pez te pide una de tus preciosas escamas, no la niegues pues es tu riqueza. Al compartirla, ésta hará que te sientas nuevamente cerca del resto de los peces.

 

Arcoíris permaneció unos instantes sin pestañar, pensando en lo que le había dicho el caracol. Luego, recordó al pececito gris que le había pedido una de sus escamas y en cómo le había tratado de mal…

 

  • ¡Muchas gracias! Haré lo que me has dicho – dijo Arcoíris pero el caracol ya había regresado a leer su antiguo y amarillento libro y ni respondió.

 

Al llegar al arrecife se encontró con el pececito gris. Éste, al verle, solamente bajó su pequeña cabecita pero el pez arcoíris se le acercó y preguntó:

 

  • ¿Aún quieres una de mis escamas?

 

El pececito no podía creer lo que estaba escuchando y sus ojos empezaron a irradiar una inmensa felicidad. Asintió con su cabecita y el pez arcoíris procedió a quitarse una de sus hermosas escamas para aquel pez.

 

  • ¡Muchas gracias señor! ¡Es el obsequio más preciado que jamás alguien me haya dado! Le cuidaré muchísimo.

 

El pececito le abrazó fuertemente y luego se fue feliz con su escama brillante y el pez arcoíris comenzó a sentir una extraña sensación de felicidad que jamás había experimentado.

A partir de ese día, empezó a regalar sus escamas a todos los peces que le pedían una. En poco tiempo el pez arcoíris dejó de ser el más bello, pero se convirtió en el pez más feliz de todo el arrecife.

 

Moraleja: si tienes un don valioso, compártelo con aquellos que no tienen en mismo don. Verás cómo se multiplica esa felicidad y te sentirás mucho mejor que si reservas solo para ti aquello de valor.

 

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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