Sobre el castigo, consecuencias, emociones…

 
Comparte en tus redes socialesShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterPin on PinterestShare on LinkedInEmail this to someoneShare on Tumblr

Un niño se porta mal, tiene una conducta que no nos parece adecuada y ¿Cómo reaccionamos? Una de las formas más extendida es castigando. ¿Creéis que el castigo a largo plazo funciona, es educativo? Para contestar a estas preguntas deberemos preguntarnos ¿Qué estamos transmitiendo realmente al niño cuando es castigado?

Pero debemos tener en cuenta que los castigos no son sólo cuando les imponemos algo malo (un cachete, ir al rincón…) también cuando les quitamos cosas, les dejamos sin hacer otras (sin ver la Tv, sin su juguete preferido, sin nuestra atención, sin cenar…)

A continuación, vamos a analizar qué es lo que ocurre cuando castigamos

  • Los padres, somos la base segura desde la que nuestros hijos exploran el mundo, debemos estar disponibles y accesibles para que se establezca un buen vínculo de apego, el cual será determinante para el futuro del niño.

Cuando castigamos, desconectamos esa base segura, esa disponibilidad hacia nosotros, ya que la disponibilidad no es sólo física, sino también psicológica ¿Qué siente un niño cuando lo ignoramos? (por supuesto, ni considero el castigo físico) ¿y si ridiculizamos sus sentimientos?

el castigo

-Cuando aplicamos algún procedimiento de castigo aumentan las probabilidades de que el contexto en el que se está aplicando adquiera la capacidad de provocar ansiedad en el sujeto. Pero no sólo el ambiente puede convertirse en ansiógeno, sino que también la persona que lo aplica. ¿Estamos dispuestos a que nuestra presencia genere ansiedad en nuestros hijos o alumnos?

  • La presencia de eventos ansiógenos suele disminuir la tasa general de respuesta, provocando que no solo disminuya la conducta castigada, sino que afecte al comportamiento general del niño. O que por el contrario, aumenten otras conductas.

Por ejemplo, una profesora suprime la conducta de que un niño la interrumpa cuando habla con otros padres pero aumentan otras respuestas como pegar a compañeros, chillar, tirar cosas… Ya que su motivación (que en este caso es recibir atención) no se puede eliminar mediante el castigo. Deberíamos ir más allá de la conducta y preguntarnos ¿Por qué se comporta así? ¿Qué necesita? ¿Ha cambiado algo últimamente?

  • Se ha demostrado que uno de los efectos colaterales del castigo son las conductas agresivas… ¿Queremos que nuestros hijos sean personas agresivas?

Existe un fenómeno denominado agresión elicitada, cuando se sitúan a dos organismos juntos y se les aplica estimulación aversiva, la respuesta es que suelen atacarse entre ellos, este fenómeno que se da en multitud de especies, también se da en la humana (Azrin, Hutchinson y Hake, 1963) Pero esta agresión también puede darse hacia la persona que presenta el castigo (padre, educador…) como una forma de escape/evitación.

  • ¿Les dejamos expresar sus emociones? ¿toleramos que los niños se enfaden? Porque es lógico que nosotros nos enfadamos y ellos… ¿no tienen malos días? ¿no hay días que están cansados?
  • Un castigo siempre es una relación de autoridad, de poder. Algunos pensaréis ¿Esto es malo? Pues según las investigaciones sobre los estilos de crianza de Diana Baumrind (1975) y de Maccoby y Martin (1983) los niños de padres autoritarios son más dependientes ya que no son capaces de tener sus propios criterios porque siempre les han sido impuestos, son poco asertivos y fácilmente irritables. ¿y si en cambio, los padres imponen límites pero teniendo en cuenta las necesidades afectivas de los niños? Pues en el futuro estos niños son responsables, con una gran autoestima, competencia social, capacidad de tomar decisiones, de trabajar en equipo, con un auto concepto realista, positivo y un óptimo rendimiento escolar.
  • Los niños castigados, aprenden a obedecer por MIEDO al castigo y no porque hayan interiorizado la norma, es decir, que cuando tu no estés, no lo estés mirando o deje de tener miedo al castigo, volverá a hacerlo, por lo tanto, no ha servido el castigo más que de manera momentánea y en cambio, has empeorado la relación afectiva con tu hijo. Con el castigo el niño no aprende a comportarse bien por las verdaderas razones que tiene que hacerlo (para no hacer daño a otra persona, para que no le atropelle un coche, para no mancharse la ropa…) sino que se porta bien para evitar un castigo, la motivación es extrínseca.

¿Y qué podemos hacer? Porque es lógico que algo hay que hacer, no podemos dejar que los niños se agredan unos a otros… Deben aprender que los actos tienen sus consecuencias, pues justamente eso, consecuencias, no castigos. De hecho como adulto, en tu día a día se presentan consecuencias. Si se te cae un vaso de agua en casa de un familiar, lo recoges (no te quedas sin ver la TV) si en el trabajo no pliegas bien las camisetas de la estantería, tu jefe, te lo hará saber y volverás a plagarlas bien (pero no te dejará sin tus 30 días de vacaciones porque es ilegal) si se te cuela una prenda roja en la lavadora del blanco , intentas solucionarlo y aprenderás a estar más atento la próxima vez (no te deja tu familia sin cenar o te “hacer vacío”)

¿Y cómo se llevan a cabo las consecuencias con los niños?

Siempre que sea impartido por alguien externo, será un castigo (sino piensa como reaccionarias ante la misma situación con un adulto) Si es algo natural, será una consecuencia. De esta manera, los niños aprenderán a portarse bien por ellos mismos (porque hacen daño a otro, porque rompen las cosas, porque hay que mantener la casa limpia, porque hay que cuidar el mobiliario público…) será algo que venga desde DENTRO del niño, de manera intrínseca, viendo la consecuencia lógica de sus actos, no por el miedo a lo que pueda ocurrir sin realmente comprender lo que está ocurriendo, verá el mundo como algo seguro en el que él realmente forma parte.

relación pareja

Por ejemplo:

-Un niño no ha tenido cuidado y ha derramado el vaso del agua después de decirle que se le iba a caer. Consecuencia: El niño limpia y recoge lo ensuciado.

– Un niño muerde a otro, consecuencia: se repara el daño causado y aprovechamos la situación para explicar lo sucedido y dar el modelo correcto de cómo se debe actuar, para poner nombre a sus emociones y sentimientos y explicar otra forma diferente de expresarlos.

Otra de las cosas que debemos de tener muy en cuenta para evitar conflictos, es prevenirlos ¿Y eso como se consigue?

-Teniendo grandes dosis de paciencia, hay una frase muy buena de Rosa Jové, que dice “Quiéreme cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito.”

Evitando que se sientan incómodos (con sueño, con hambre…) como dice Rebeca Wild: “Nadie se comporta mal cuando se siente bien

-Con empatía.

Explicando los límites de antemano, dando libertad de elección dentro de esos límites.

-Siendo los adultos un modelo a seguir, ya que los niños aprenden de nuestro ejemplo. Pero ¿Somos realmente un ejemplo a seguir? ¿Alguna vez habéis visto a alguna mamá o papá explicando a su hijo que no se pega mientras le da una palmada al niño? ¿Qué mensaje le estamos transmitiendo? ¿Qué se pega, que no se pega, que se pega sólo a los que son más pequeños que tú? Nosotros somos los adultos, somos los que debemos dar ejemplo si queremos que nuestros hijos sepan cómo actuar.

-Y conociendo un poquito más cómo funciona el cerebro infantil: rigiéndose más por el hemisferio derecho y por la parte inferior de este, lo que les hace ser más impulsivos, emocionales y no tan racionales como nosotros, su lenguaje no les permite comunicarse como lo hacemos los adultos y menos aún regular su conducta, pero para eso estamos nosotros, para “conectar” con ellos y ayudarles a poner nombre a sus emociones y sentimientos.

A veces pensamos que nos toman el pelo, pero si tenemos en cuenta las investigaciones sobre la teoría de la mente (1978), que es la capacidad humana de comprender nuestra mente y la de los demás, ir más allá de lo que vemos para poder explicar sus conductas, (el engaño, la manipulación, el ponernos en el punto de vista del otro, pensar que hay creencias falsas…) Esta, no se consigue hasta los 4 o 5 años. Entonces… ¿Cómo va a manipularnos un niño pequeño? Por otra parte, si un niño hasta esa edad no es capaz de ponerse en el punto de vista de la otra persona… La famosa “silla de pensar” o “rincón de pensar” no sirve, puesto que el niño, solo y sin ayuda de nadie, no es capaz de pensar sobre lo ocurrido (bueno, quizá llegue a pensar, que PENSAR es algo malo ya que es a dónde lo mandan cuando se comporta de manera no esperada).

No nos olvidemos que estamos educando y educar debería ser ACOMPAÑAR a unas personas en su camino hacia ser personas adultas, no son pequeños tiranos, tampoco son de nuestra propiedad, sino que son unos seres fantásticos que están aprendiendo continuamente y que cualquier ocasión debe servirnos para educarles, pero educarles en el respeto. Si queremos personas que se respeten en el futuro, deberán ser tratadas de la misma manera.

Debemos pensar en ellos como personas activas, que forman este mundo, que deben sentirse parte de él si queremos que lo valoren, que lo mantengan limpio, lo cuiden, se cuiden entre ellos, se respeten los unos a los otros… Deberemos ofrecerlas las estrategias necesarias para hacerlo.

Nosotros somos sus guías, pero también su ejemplo a seguir y es cierto que aquí escrito parece muy sencillo. Pero que luego en un momento de tensión, después de un día estresante, con 1000 cosas pendientes por hacer… Es posible que nos quedemos sin recursos y tiremos de algo que llevamos tan dentro de nosotros y tan anclado como es el castigo, pero no desanimes, inténtalo. Tú eres su figura de referencia, su base sobre la que conocer el mundo ¡eres muy importante para ellos!

Laura Estremera Bayod

Maestra de audición y lenguaje, Técnico superior en educación infantil.

Blog: www.actividadesparaguarderia.blogspot.com

Página de facebook: www.facebook.com/actividadesparaguarderia

Delval, J; Kohen, R; Sánchez, I; Herranz, M.P; Delgado, B; García, J. A; (2014) Lecturas de psicología del desarrollo I. Uned. Madrid

García, J. A; Delval, J. (2010) Psicología del desarrollo I. Uned. Madrid.

Siegel, D; Bryson, T. (2012) El cerebro del niño. Alba.

Pellón, R; Miguens, M; Orgaz, C; Pérez, V. (2014) Psicología del aprendizaje. Uned.

Jové, R. (2011) Ni rabieta ni conflictos. La esfera de los libros.

Wild, R. (2006) Libertad y límites: amor y respeto. Herder

Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

2 comentarios sobre “Sobre el castigo, consecuencias, emociones…

  • el 22 Julio, 2015 a las 7:11
    Permalink

    me ha gustado mucho su pagina. y los consejos para los padres creo nos serviran mucho, la relacion que tenemos con nuestro hijo es de regaños, castigos., y no nos han servido de nada. nuestro hijo nos reta y lleva la contraria, a veces pieso que no sabe como manejar sus sentimientos. Y ahora que entro a primaria pues ha sido mas dificil.

     
    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR