La importancia de la inteligencia emocional en los niños, ¿Cómo desarrollarla?

¿Las capacidades emocionales son adquiridas a lo largo del desarrollo o se nace con ellas? Los investigadores han llegado al acuerdo de que la Inteligencia Emocional no es algo con lo que nacemos y venimos de cuna, sino que se desarrolla y se entrena por medio de las experiencias adquiridas durante la infancia y la adolescencia, aunque, también, puede mejorarse y fortalecerse durante la vida adulta, como ocurre cuando, en las empresas, se trabaja en la mejora personal y profesional a través del coaching.

La plasticidad cerebral permite que la felicidad y el equilibrio emocional sean habilidades que se vayan aprendiendo. Tanto las capacidades intelectuales como las emocionales están relacionadas con la cantidad y la forma en que se producen conexiones neuronales en el cerebro. Éstas se ven modificadas cuando educamos a niños emocionalmente inteligentes, dado que estamos modificando la química de sus cerebros. El número y la calidad de las conexiones se producen por la interacción de las personas con el medio, y no sólo por la influencia del componente genético. Por este motivo, es tan importante estimular a los niños desde que pequeños, ya que se sostiene que a partir de los diez años de edad el cerebro elimina las conexiones más débiles, conservando únicamente aquellas que han sido fortalecidas a través de la experiencia.

 inteligencia emocional

Los niños se diferencian unos de otros por las habilidades que poseen, pero, con independencia de esto, se debe trabajar la educación emocional desde todos los ámbitos de su vida (familiar, escolar, grupos de iguales…). Se deben incluir en la educación elementos que favorezcan las aptitudes emocionales, como son la creatividad, el optimismo, la perseverancia y el autocontrol, entre otras. Tradicionalmente, la educación se ha ocupado de los aspectos cognitivos en niños, pero se hace necesario desarrollar, desde este contexto, los componentes la Inteligencia Emocional para que se conviertan en personas con capacidades para enfrentarse a la actual sociedad competitiva, egoísta y poco afectiva.

Aunque las emociones se desarrollen desde todos estos ámbitos, son los padres los principales y más importantes entrenadores personales de sus hijos. Aunque, para que los padres adquieran este papel protagonista, necesitan tiempo para dedicarse e implicarse en ello. Si se siguen las directrices apropiadas, el tiempo invertido les proporcionará grandes satisfacciones, debido a que harán de sus hijos niños más felices emocionalmente y, cognitivamente, más eficaces como alumnos, con mayor concentración y con menores interferencias afectivas. Serán también más hábiles en las relaciones interpersonales. En el futuro, será un ingrediente importante en su éxito personal y profesional, además de ser un protector para la salud física y psicológica; algunos especialistas llegan a decir, incluso, que puede llevarles a presentar niveles más bajos de hormonas de estrés.

El desarrollo emocional influye directamente en la evolución intelectual del niño, de tal forma que, si es deficitario, es decir, si se produce falta de afecto y bloqueo emocional durante la infancia, puede tener importantes efectos negativos en aspectos del desarrollo intelectual. El intelecto del menor puede verse limitado en aspectos tales como la memoria y la capacidad de abstracción; presentar dificultades en la percepción y en la atención; y disminución de las asociaciones mentales satisfactorias. Por otro lado, el desarrollo adecuado de las capacidades emocionales produce un aumento de la motivación, de la curiosidad y de las ganas de aprender, una amplitud de la agudeza y profundidad de la percepción e intuición.

En los primeros años de vida del niño, las habilidades emocionales que deben trabajarse por parte de los padres son: conocimiento de uno mismo, control del comportamiento impulsivo, motivación, empatía y habilidades sociales de cooperación y respeto. Para el adecuado desarrollo emocional, el menor debe ser consciente de sus propios sentimientos y ser capaz de verbalizarlos a los demás, poseer capacidad de empatía con los otros, intercambiar sentimientos satisfactorios, aceptarse a sí mismo y poseer una seguridad y autoestima correcta.

Un niño aprende llevando a la práctica las habilidades, hábitos y actitudes adquiridos de aquellos que lo rodean, en su propio mundo. Frederick Moffet afirmaba que: Los niños aprenden más por el método de ensayo y error, por medio del placer antes que del dolor, a través de la experiencia antes que de la sugerencia, y por la sugerencia antes que por la orientación. Aprenden también por medio del afecto, del amor, de la paciencia, de la comprensión, de la posibilidad de hacer y de ser…

 

La inteligencia emocional es especialmente importante por el hecho de que las emociones impregnan la mayoría de las decisiones que tomamos, sin embargo, hay que tener en cuenta que determinan el cómo integramos éstas con las cogniciones y los actos. Por todo ello, nuestro propósito no puede ser que otro que, tanto nosotros como nuestros niños, hijos o alumnos, adquiramos la capacidad de poner inteligencia a las emociones.

A los padres, y en su caso a los profesores, se les debe inculcar el papel que tienen en el desarrollo emocional de los menores, y concienciarlos de que un cociente emocional alto es tan importante o más que un cociente intelectual elevado. No sólo se trabaja en los menores en el ámbito familiar y escolar, también en otros, como en los centros hospitalarios donde podemos observar cómo, en la planta donde están ingresados los niños, el contexto, decoración, tiempo de ocio… está emocionalmente cuidado, para que, a pesar de la situación desfavorable que estén pasando, anímicamente se encuentren bien.

.A los niños tenemos que escucharles, protegerlos, pero no en exceso, ayudarles, pero no hacer las cosas por ellos, acompañarles, pero no llevarles; hay que enseñarles los peligros, pero no atemorizarlos, integrarlos en las relaciones y no aislarlos, animarlos con sus ilusiones sin desesperanzarlos, vivir con naturalidad sin hacerlo por encima de las posibilidades familiares, quererlos y manifestarles amor sin idolatrarlos, comportarse y ser como queremos que sean ellos, dándoles ejemplo con nuestro comportamiento. No debemos olvidar que muchas veces les pedimos que sean de una manera mientras que nosotros nos comportamos de forma contraria; nuestros hijos nos escuchan, pero también nos miran; por lo tanto, que hay que tener en cuenta que no debemos cumplir el dicho haz lo que digo, pero no hagas lo que hago.

Asela Sánchez Aneas

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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