Cómo prevenir las conductas violentas

Conductas violentas: Podemos decir que si echamos la vista atrás en el tiempo, comprobaremos que hemos progresado mucho.

Prueba de ello es  la cantidad de aparatos tecnológicos y la infinidad de recursos con los que contamos, que serían inimaginables para nuestros antepasados.

Pero a pesar de ello siguen existiendo aspectos muy ancestrales en nuestra sociedad, aspectos que suponen una lacra y ante los cuales tenemos y debemos que actuar sin demora.

La violencia adolescente es uno de esos aspectos a erradicar, pues de no hacerlo las consecuencias futuras pueden resultar escalofriantes.

Cuando nos encontramos ante un caso de violencia adolescente, nos podemos hacer muchas preguntas, una de ellas, tal vez la más importante es ¿cómo podría modelarse esta conducta? ¿es posible?.

Lo cierto es que estas preguntas tienen una clara respuesta afirmativa, una respuesta que tiene su raiz en la intervención más temprana posible.

De hecho, el hogar es el lugar clave en el que se deben abordar estas conductas violentas, que en la mayoría de las ocasiones comienzan desde muy temprano, algo que podemos observar en niños/as muy pequeños/as.

conductas violentas

Imaginaos un niñ@ que en un supermercado se encapricha de algún juguete o algún producto que sus padres no están dispuestos a comprarle; la respuesta en estas ocasiones suele ser bastante estresante, es más, tod@s hemos presenciado alguna vez este tipo de panoramas: el/la niño/a llorando, gritando, pataleando e incluso insultando al padre o madre en cuestión que le ha negado el capricho, mientras éste/a, avergonzado y sin saber muy bien qué hacer trata de abordar la situación de la mejor manera que encuentra, muchas veces accediendo a las peticiones del pequeñ@.

Este tipo de conductas violentas son bastante negativas y aunque pueden parecer “cosa de niñ@s” lo cierto es que hay que aprenderlas a abordar, pues ell@s aprenden las consecuencias de sus conductas.

Si se les deja pasar todo, y ante una de sus rabietas cedemos y consentimos sus caprichos, el niño/a aprenderá que comportándose de esa manera va a conseguir lo que desea y no dudará en repetir esa conducta cada vez que quiera obtener algo.

Por esta razón es muy importante mostrarnos firmes en nuestras convicciones y no ceder a la mínima de cambio. L@s niñ@s van creciendo con unas determinadas creencias y conductas, y de no hacer nada para cambiarlas, llegarán así a la adolescencia y adultez.

Como siempre decimos, el hogar es clave en la educación y existen familias que transmiten a sus hij@s valores muy negativos y perjudiciales para sus vidas.

A veces lo hacen casi de manera inconsciente a partir de la transmisión de costumbres y creencias erróneas y perjudiciales.

Hay hogares en los cuales, de manera constante se transmite una imagen negativa de todo lo diferente, es decir, hacia personas diferentes por su aspecto, por su procedencia, por su manera de actuar…; en otras ocasiones lo que se transmite a los hijos es resentimiento o rencor hacia otras personas, bien sean familiares , allegados… por razones que la mayoría de las veces, son ajenas al niñ@.

En otros casos, tal vez éstos sean los más llamativos, lo que se les transmite a l@s hijos es un reforzamiento de sus conductas indeseadas; por ejemplo, se dan muchos casos de niños/as cuyas conductas en el colegio, con respecto al grupo de iguales dejan bastante que desear, desembocando en una llamada de atención por parte del maestro/a del niño/a y en una reunión con los padres.

En ocasiones estas reuniones se hacen insufribles ya que muchas veces, lejos de reconocer que el/ la niño/a ha errado, se le defiende a capa y espada, poniéndose los padres incluso, en contra del maestr@ en cuestión.

Todo esto lejos de beneficiar al niño/a le perjudica y desvía de las normas de comportamiento y moral tan necesarias para desenvolvernos en sociedad.

Ante conductas inadecuadas, tanto dentro como fuera de casa, los padres no pueden mostrarse indiferentes, deben tomar cartas en el asunto desde el primer momento en que tienen lugar.

Dar la razón a la “sinrazón” de ciertas conductas, repercutirá tanto en la sociedad como en su propio desarrollo como personas.

A l@s niñ@s se les deben transmitir valores de justicia y consideración hacia los demás. Valores que les permitan una adecuada convivencia e integración social, de ahí la importancia de implantar en casa normas y límites de comportamiento impregnados de respeto y empatía hacia otr@s.

Debemos enseñar a l@s pequeñ@s a sentir consideración por otr@s, a contemplar las diferencias que pueden encontrar en los demás como enriquecedoras y llenas de aprendizajes nuevos.

Pero lo más importante en todo esto, es transmitirles el valor del respeto. Si un niñ@ se porta mal en clase; perjudica o hiere a algún compañer@…si en casa contesta inadecuadamente a sus padres o herman@s, maltrata a la mascota y no obtiene ninguna consecuencia salvo una risa que le resta importancia a la situación; conforme vaya creciendo y haciéndose mayor, también crecerá la gravedad de sus conductas y no se puede permitir esto, más aún en los tiempos que corren, en los que diariamente, los medios de comunicación nos informan de casos desgarradores cargados de violencia, un ejemplo bastante claro son los casos de violencia de género, víctimas y agresores son cada vez más jóvenes y por supuesto esto es algo que tod@s debemos combatir.

Después de todo lo expuesto, concluiremos con una serie de recomendaciones que a modo de resumen recogen la importancia de lo anterior:

  • Ante conductas violentas:

  • Se debe actuar sin demora.

  • Educarles en el respeto y la consideración hacia los demás.

  • Debemos hacerles reflexionar sobre las consecuencias de sus conductas y la repercusión de éstas en otr@s.

  • Bajo ningún concepto se le debe quitar importancia a las conductas inapropiadas que pueden manifestar hacia los demás.

  • No debemos restar autoridad a aquellas personas que nos informen sobre las conductas inapropiadas de l@s niñ@s, como por ejemplo l@s maestr@s.

  • Enseñarles estrategias de resolución de conflictos positivas y constructivas y reforzarles cuando las pongan en práctica.

 

Eduquemos en el respeto y la competencia social porque no debemos olvidar que:

“La violencia es el último recurso del incompetente” (Isaac Asimov).

 

Mariela Clemente Martos. Psicóloga

@marielaclema




Angel Sanchez Fuentes

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