Cuento infantil: Roberto y la margarita triste.



Cuento infantil para el día de los enamorados: Roberto y la margarita triste.

Roberto es un niño, casi un adolescente de unos trece años, es bastante tímido y claro, esto no le ayuda a la hora de hacer amigos. Menos aún cuando se acerca  María, una de sus compañeras del mismo curso, alta, morena, guapa y de las más listas de su clase, con la que Roberto suspira a cada paso que da o cada palabra que sale por su boca.

Esta enamorado de ella y aunque sus amigos le dicen que hable con ella, Roberto no se atreve por si le dice que no le gusta. Por mucho que ellos le insisten, él siempre acaba diciendo lo mismo:

 -Tranquilos, un día de estos se lo digo.

Todas las tardes, se va a un parque del barrio donde vive en el que crecen un montón de margaritas y allí, deshojándolas se pregunta que le dirá María el día que se anime a hablar con ella.

Las tardes se pasan volando y Roberto sigue con la misma timidez que le impide hablar con ella y decirle cuanto le gusta y como le gustaría que fuese, para empezar, su amiga.

En clase, las cosas no cambian mucho más. Por más que intenta acercarse a ella, siempre está ocupada hablando con sus amigas o quejándose de alguna broma de mal gusto que le gastan los más gamberros del curso.

A Roberto, le encantaría apartarla de esos pesados y aparecerse como su caballero salvador, pero su timidez a la hora de relacionarse con los demás no ayuda mucho y acaba por dejarlo estar.

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De nuevo y como todas las tardes, al acabar las clases y volver a casa se vuelve a detener en el jardín y tras estar un rato sentado en uno de los bancos, se dispone como siempre a intentar despejar sus dudas y coge una margarita cercana a su lado del banco.

 -Me quiere, no me quiere. Me quiere, no me quiere – dice con tono ausente.

-Sniff, sniff – se oye casi como un susurro.

Roberto oye el sollozo y mira a su alrededor, pero no ve a nadie, piensa que tal vez es su imaginación. Sonríe pensando que es una tontería y sigue arrancando pétalos. Pero otro sollozo le vuelve a detener.

 -¿Qué pasa?, ¿Quién solloza de esa manera? – pregunta nervioso.

-Soy yo, la margarita que llevas en tu mano. –contesta la florecilla.

– Jajajaja, no puede ser. Las flores no hablan –dice Roberto y sigue tirando de sus pétalos.

– ¿Por qué haces esto?¿no te das cuenta de que nos haces daño? – se queja la margarita.

– Entonces…¿es verdad que me estás hablando? No me lo puedo creer. – dice sorprendido.

– Si, y tanto yo como mis hermanas, estamos cansadas de que todos los días nos deshojes para saber si tu chica te quiere o no. Como si nuestros pétalos pudieran arreglar algo.

– Es verdad, tenéis razón. – asintió Roberto avergonzado. –Pero no encuentro la manera de hablar con ella.

– ¿Te refieres a la chica morena de tu clase? – preguntó con curiosidad la margarita.

– ¡¡Sí!! Pero tú…¿Cómo lo sabes? Que yo sepa, no te he dicho nada antes. –dice extrañado.

– Lo sé porque, al igual que tú, se pasa la tarde deshojándonos y así no hacéis más que acabar con nosotras. Con su indecisión y tu timidez vais a acabar con todas las flores del parque. – le contesta la flor bastante molesta. – Ella está esperando también a que tú le digas algo. Lleva aquí meses arrancando nuestros pétalos y suspirando. Corre y dile algo antes de que llegue otro que le robe el corazón.

– Pero… ahora mismo no sé donde está y mucho menos que decirle. – contesta ruborizado ante la idea de hablar con María.

– No tienes excusa, está aquí en el parque, sentada en la fuente que hay frente a la salida del parque. Siempre se sienta allí. – le dice la flor guiñándole un ojo.

Roberto se arma de valor y va en busca de María, una vez a su lado y rojo como un tomate, acierta a decir unas palabras para presentarse y ella se ríe con la ocurrencia, pues ya le conoce porque son compañeros de clase. Juntos y tras haber tenido una larga charla, se cogen de las manos y se van dejando atrás el parque y contentas a las margaritas y demás flores que allí viven, pues han conseguido que , de una vez por todas, dejen de arrancar sus pétalos preguntando por sus amores.

Por fin, Roberto ha logrado vencer su timidez y ha conseguido lo que parecía imposible. Poder hablar con María, la chica de sus sueños y lo más importante, conseguir que sean amigos.

Cuento infantil por Rosi Requena

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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