Cuento infantil: Cuando me operó un pirata

Cuento infantil: Cuando me operó un pirata

Sergio tiene cinco años y hace unos días que no se encuentra muy bien, por eso sus padres le han llevado al médico, le ha salido un pequeño bultito en el brazo y quieren saber ¿qué es?

Cuento infantil de piratasSu pediatra les ha mandado a un especialista;  van a ir a verlo después de que su abuela Matilde les visite el domingo.

Sergio esta algo nervioso y preocupado, no entiende de enfermedades ni de médicos solo sabe que no le gustan nada de nada, y por eso está más callado que de costumbre.

Y así callado pasó todo el fin de semana, no habló mucho ni si quiera con su abuela.

El lunes se prepararon todos para ir al especialista, cogieron el coche y recorrieron el camino escuchando la música preferida de él; pero esta vez los canta juegos no le divertían, ni las tonterías que acostumbran a hacer sus padres cuando los escuchan juntos.

La verdad es que estaba realmente preocupado, muy… muy preocupado, digamos que era un… ¡preocupadísimo por encima de todo!

Llegaron a un edificio grande, de largos pasillos y ascensores por todos los lados. Sergio agarraba la mano de su mamá con fuerza mientras su padre preguntaba la localización del doctor con el  que tenían  cita.

Cuando en el mostrador de información les dijeron como llegar, su padre le subió a caballito, con lo que le gustaba a él ir  de esta manera. Entonces su padre le agarró las piernas que colgaban de sus hombros, se paró en seco y le dijo

–          ¡Cómo no me digas… vamos papá! Yo no me muevo de aquí ni salgan dos soles, ni tres lunas, ni te vengan las ganas de mear.

–          ¡No le digas eso al niño! – Replicó su madre

Pero sabía que su padre era capaz de muchas cosas, incluso de que le meara encima si hacía falta, y que a su padre no le importase no significaba que a él le gustase mearse encima, así que dijo las palabras mágicas.

–          ¡Vamos papá!

Estiró el brazo y señaló con su dedo el final de aquel pasillo. Su madre también se agarró a su pierna, y como si fueran un escuadrón llegaron a su destino.

Era una puerta doble grande y verde, no sabía leer aún muy bien, pero no le hizo falta descifrar el cartel indicativo que estaba en el lado derecho, su madre lo leyó en alto.

–          Aquí es… ¡Infantil!

Abrió la puerta, y lo que allí vio no parecía una sala médica, aquello era de todo menos una sala médica, había juguetes, una estantería con cuentos, tebeos y cartillas para pintar, sillas pequeñas de colores con mesas bajitas, pelotas grandes y pequeñas, dibujos hechos por niños pegados en las paredes, no pudo contenerse y de su boca salió un… ¡oh…! De asombro tan grande que los dos niños que allí estaban le dijeron ¡hola! Al mismo tiempo.

Su padre le bajo de los hombros, y decidido fue corriendo a intercambiar opiniones con los otros niños.

Había una niña de coletas grandes y rubias, y un niño con una gorra chulísima. Ambos estaban pintando juntos unos animales que ya estaban dibujados.

– ¡Hola ¡- Dijo nuevamente

– ¡Hola! – Contestaron los niños

– ¿Puedo sentarme con vosotros?

-¡Claro! Y si quieres puedes dibujar, cuando terminemos el pirata vendrá y pegará el dibujo donde le digamos en la pared

-¿Qué pirata?

-¡Genaro el pirata! ¿No le conoces? –Dijeron los dos al mismo tiempo

-¡No!- contestó asombradísimo

-Genaro es el pirata que nos cura

-¡Ah…! ¿Pero es pirata de verdad?

-¡No lo sé! – dijo la niña de las coletas

-¡Que sí… que sí que lo es!- replicó el niño de la gorra, quitándosela para golpear la mesa y dejando ver que no tenía pelo en la cabeza

-¿Entonces es o no es?

-¡Es… es…! – Dijo  medio enfadado el niño de la gorra – a mí me ha contado su historia de P a… Pa, y yo le creo, y si tu no le crees puedes preguntárselo, no tendrá miedo en contestarte

-Pero… ¿Cómo puede ser un pirata médico?

-Porque se cansó de buscar tesoros, y porque le dan miedo los tiburones, y porque su loro se marea en barco

-¡Oh…!- Exclamo Sergio asombradísimo y lleno de curiosidad

Una cosa era cierta, tenía muchísimas ganas de ver a ese médico tan peculiar, él no conocía a ningún médico pirata, ahora tenía miles de preguntas en la cabeza ¿Cómo es un médico pirata? Y porque le daban miedo los tiburones y… seria cierto que tenía un loro al que se mareaba en barco.

Estaban los tres tranquilamente coloreando cuando una chica abrió una de las tres puertas que había en aquella sala y dijo su nombre en alto

–          ¡Sergio Álvarez!

Sus padres contestaron con un… ¡sí! al unísono, su madre se acercó a la mesa para buscarle

–          ¡Vamos cariño! El médico ya te va a ver

Los nervios le recorrían el cuerpo como si fueran miles de hormigas, estaba emocionadísimo iba a conocer a un pirata de los de verdad, pero no le daba ningún miedo. Se despidió de los niños y entró en la consulta.

La consulta era tan mágica como la sala de espera, no se había fijado en el doctor, lo que había llamado poderosamente su atención era aquel loro rojo enorme que le dio la bienvenida

-¡Hola grumete… hola grumete! – Decía con voz de loro claro esta

Entonces alguien con una bata blanca un parche en el ojo y gafas sobre la cabeza carraspeó

–          ¡hmmm…. Hmmm!

Sergio volteó la cabeza y vio al pirata, y se puso muy… muy firme, saludándole como creía que se debe saludar a los piratas al… estilo coronel, estiró el brazo derecho y toco su frente con la mano como hacen los militares.

–          ¡A sus órdenes!

Dijo cuadrándose ante aquel pirata de verdad, sus padres no pudieron contener la risa, pero el médico le entendió perfectamente y siguió  con el protocolo.

–          Puede descansar grumete

Sergio entonces sonrió, ahora todos sonreían, y comprendió que aquello que tanto le preocupaba no era en principio para tanto.

El pirata se acercó le agarró por la cintura y le sentó en una camilla.

–          Y… ¿Qué te trae por mi consulta?

–          ¡Un bulto!

–          ¿Un bulto grande o pequeño? ¿un bulto que va o que viene? ¿Un bulto divertido o un bulto triste? ¿un bulto que mola o es más bien pesado?

–          ¡Es este bulto del brazo!

–          ¡Vaya grumete, sí que es un bulto de brazo!, he visto muchos bultos de brazo, pero este sin lugar a dudas es el tuyo

–          ¿Lo es?

–          ¡Hazme caso que sí! Este es el tuyo indiscutiblemente, y dime grumete ¿Quieres que se quede ahí a vivir contigo?

–          ¡No sé!

–          ¿Cómo que no sabes?

Sergio se encogió de hombros y volvió a negar con la cabeza, mientras miraba a sus padres que tenían esa expresión tan rara en la cara.

–          Si quieres puede quedarte a vivir con tu bulto, pero entonces….

El pirata se fue a su escritorio y sacó un montón de papeles de una cajonera, era un montón enorme, el montón de papeles más grande que había visto nunca, lo cogió y lo soltó a los pies de la camilla, este hizo un estruendo enorme. Entonces el loro rojo dijo… ¡formularios… formularios! Con su voz de loro claro está.

–          Pues… entonces tienes que rellenar todos estos formularios de adopción de bultos

–          ¡Yo aún no se escribir bien!

–          No importa tenemos toda la tarde, toda la noche, toda la mañana, a no ser que te entren las ganas de mear de improviso mientras lo rellenas, en ese caso no podrás terminarlo a tiempo, y tomaremos otra decisión

–          ¿Qué decisión?

–          La de mandarle a la isla de los bultos, te aseguro grumete que esta es de todas la mejor decisión, y por papeleo la que yo aconsejo

–          ¡Estoy de acuerdo!

Dijo Sergio sin pensárselo dos veces viendo aquella súper montonera de formularios de adopción de bultos

–          Para mandarlo a la isla de los bultos tendríamos que operar grumete

–          A mi… ¡me da miedo que me operen!

–          ¡Tonterías grumete… tonterías! A los niños no se les opera de cualquier manera, primero pasan por una serie de máquinas mágicas

–          ¿Máquinas mágicas?

–          ¡Sí son máquinas muy especiales! O espaciales, como te apetezca decir, pues son las mismas máquinas que usan los astronautas si quieren viajar por el espacio

–          ¡oh…! – Dijo muy asombrado

–          A los astronautas se les mira  muy bien,  no vayan a tener ningún bulto que quiera viajar de gratis antes de ser adoptado ¿Tienes miedo?

–          ¡Un poco!

–          ¡Pero hombre! Si yo te voy a decir cómo funcionan antes de que te subas en ellas, además tus padres estarán contigo en todo momento, y así estrechamos lazos y te voy contando mis aventuras de pirata

–          ¿Pero es un pirata de verdad verdadera?

–          ¡Pues claro que soy un pirata de verdad! Como puedes no creerme, mira tengo un parche en el ojo, un loro rojo que sabe hablar en marinero, y una pata de palo que para ponérmela también me tuvieron que operar

–          Pero yo lo que le veo son dos piernas

–          ¡Y que tiene que ver! No se puede ir de pirata todo el día, yo solo voy de pirata cuando tengo que ir de pirata, el resto del tiempo voy de incognito

–          ¡oh….! – Volvió a exclamar Sergio cada vez más asombrado

–          Sabes grumete una vez tuve que cambiar mi pata de palo, y me hicieron las mismas, pero las mismísimas pruebas que te van hacer a ti, así que yo te las puedo explicar de primerísima mano, te puedo contar absolutamente todo lo que necesites saber, un médico pirata le dice todo a sus grumetes, y más cuando estos deciden ser de su tripulación y embarcarse en esta aventura.

–          Pues yo estoy algo preocupado, bueno preocupado a solas no… estoy preocupadísimo del todo

–          ¿Por qué?

–          Porque no quiero que me hagan daño, eso no me gusta nada de nada

–          ¡A…ha entiendo! Te diré que las pruebas que te vamos hacer apenas se notan, ¿te duele la picadura de un mosquito?

–          Esas pican más que duelen

–          Pues como mucho serán como la picadura de un mosquito, y si te pica después tenemos las pastillas mágicas que eliminan el malestar, las toman los mismísimos astronautas cuando se sienten mal, y hasta mi loro las ha tomado para sus mareos cuando nos hemos ido de aventuras

–          Y… ¿el bulto qué?

–          ¿Qué quieres saber del bulto?

–          ¿Cuándo me operen me dolerá?

–          Puede que un poco después de la operación, pero te puedes aprovechar de eso

–          ¿Del dolor?

–          El dolor te lo quitamos aquí, por eso no tengas miedo, de la situación, te vendrán a ver y seguro que te regalaran cosas, esto es un secreto que se dé muy buena tinta, a todos mis grumetes cuando les vienen a ver después de una operación les traen regalos chulísimos.

–          ¿Y me podré ir a casa rápido?

–          Bueno la estancia será corta, y no te aburrirás mucho, tus padres estarán contigo todo el tiempo, y si quieres te dejo traer alguno de tus juguetes favoritos

–          ¡Vale! Ya no tengo tanto miedo

–          ¿Entonces lo preparamos todo?

–          ¡Vale!

Después de la consulta y de conocer a su médico pirata Sergio ya no tenía tanto miedo, ni a las pruebas, ni a las máquinas ni a la operación.

Le operaron y como le dijo aquel medico pirata todo salió perfecto, y cuando se recuperó y volvió al cole, una cosa si tenía y esta no era otra que una súper historia que contar a sus compañeros de un pirata médico, que tenía miedo a los tiburones y un loro rojo que aparte de hablar en marinero se mareaba en los barco.

Cuento infantil por Estrella Montenegro para el Portal Educapeques

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

2 comentarios sobre “Cuento infantil: Cuando me operó un pirata

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