Cuento infantil: La princesa Almogávar

CUENTO INFANTIL: LA PRINCESA ALMOGÁVAR

Para  Paula, mi princesa Almogávar.
Rosi Requena

 cuento infantil

Erase una vez, una niña llamada Paula a la que le encantaban las historias de princesas. Tanto le gustaban que cada noche soñaba con ser una de ellas y poder lucir esos vestidos tan bonitos que veía en cuantos cuentos leía y vivir esas historias que tanto le apasionaba leer.

 Aunque soñaba con ser una de ellas, Paula sabía muy bien que no podía ser, puesto que los cuentos hablaban de muchos, muchos, muchísimos años atrás y claro, en el año en el que vivía nada era igual que en los cuentos.

Los carruajes de sus cuentos, en la vida real eran coches y los castillos de las princesas habían dado lugar a mansiones que nada tenían que ver con los fabulosos castillos que veía en sus cuentos.

Lo que Paula no sabía es que estaba muy cerca de ser una princesa, más de lo que ella pensaba.

Una noche, soñó que, al igual que en sus cuentos, se le aparecía una hada madrina

-Paula, querida.- le despertó el hada tocándole con la varita su nariz.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí, vestida de esa manera?.- le preguntó Paula entre sueños.

Lejos de tener miedo, a Paula le hizo gracia ver a aquella pequeña mujer, vestida como si fuese una mariposa, aunque con colores bastante más chillones.

-Soy tu Hada Madrina y me llamo Aldara. Te estoy observando desde hace mucho tiempo y se que sueñas ser una de las princesas de las que ves en los cuentos.

 -¿Cómo puedes saber eso? Por más que me estés observando, yo no se lo he dicho a nadie. Ni siquiera a mi madre.

-Jajajajaja- se rió de buena gana su Hada.- Yo soy un hada especial, no te observo durante el día. Yo me cuelo en tus sueños y creo que este se puede hacer realidad.

-¿Cómo? Dime como – le dijo Paula con los ojos como platos.

 -Ven, siéntate. Te lo explicaré. – le contestó su Hada indicándole el borde de la cama.

Paula de un salto, se sentó a su lado. Estaba alucinando, no podía creer que un Hada Madrina se hubiese colado en su habitación y que ahora mismo estuviese hablando con ella. Todo de ella le fascinaba, aunque su tamaño era  el de una niña, hace tiempo que había dejado de serlo. Pero, tanto el peinado que lucía, un moño con extensiones que recordaba un arco iris y su vestido de mariposa, hacían ver que no había renunciado del todo a su niñez.

Una vez Paula estuvo lista, su Hada comenzó a contarle algo aún más fantástico de lo que podía imaginar.

-Hay un reino en el que las princesas se eligen cada año, hay muchas pero cada una es diferente. Ni los vestidos ni sus castillos se parecen entre si y todas ellas conviven, durante el año de ese reinado, en paz y armonía haciéndose al final de este, muchas de ellas grandes amigas.

 -¿Dónde esta ese reino?- preguntó Paula ansiosa por descubrirlo.

 -No se ni su nombre, ni quien es su monarca porque es elegido al igual que las princesas una vez al año. Lo que si sé, esque siempre se elige cuando los árboles florecen.

-Pero, ¿cómo lo podré encontrar si no sabes cómo se llama? – preguntó Paula preocupada.

Al terminar la pregunta, el despertador de Paula sonó e hizo que la pequeña mujercita desapareciera, dejando a la niña en un mar de dudas.

Paula se despertó intrigada de ese sueño tan extraño. ¿Por qué se le aparecía un hada madrina? Si eso solo ocurría en los cuentos, además también tenía curiosidad por conocer ese reino donde convivían todas las princesas. Paula pensaba…¿estaré leyendo demasiados cuentos?

Pasaron los días y los meses y Paula ya no había vuelto a soñar con su Hada, casi se había olvidado de ella cuando a mediados de noviembre se volvió a repetir su sueño, aunque esta vez lo que le dijo, le dejó muy inquieta:

-Hola Paula, querida. Estás mucho más cerca de vivir tu reinado de lo que nunca has imaginado.

-¿Qué quieres decir con eso Aldala?- preguntó Paula con inquietud.

– Muy pronto podrás vivir y sentir las mismas emociones de las que hablan en tus cuentos, antes de lo que te imaginas.

Sonó el despertador para ir al colegio y Paula se despertó dando un respingo y pensando qué le habría querido decir su hada.

Como es una niña muy despierta, Paula prestaba cada vez más atención a los detalles por si le revelase algo sobre su sueño, pero por más que buscaba y buscaba, no lograba encontrar nada que le hiciera ver lo que iba a ocurrir.

En casa todo era como siempre y lo único que cambiaba era que cada vez su madre tenía más reuniones en su comparsa, cosa que veía como algo normal porque en esas fechas se elegía a las abanderadas y alféreces de cada una, la máxima representación de cada comparsa que formaban la agrupación de moros y cristianos. Pero nada le hacía pensar que ella iba a ser, en muy poco tiempo, parte de la historia de su comparsa. Los almogávares.

Cerca ya de las navidades fue cuando su madre le dio la noticia y la alegría de su vida.

– Paula, tengo que contarte una cosa. ¿Puedes venir un momento?.

– Claro mamá, ¿pasa algo?

-Te voy a dar una sorpresa que te va a gustar mucho. Prepara lo que necesites, nos vamos de viaje.

– ¿dónde? Andaaa, por favor… dime donde vamos.

– Cuando lleguemos lo verás y te daré allí mismo la sorpresa.

Por más que lo intentó, Paula no pudo sonsacar ni una sola pista más a su madre, ni sobre la sorpresa, ni sobre el lugar hacia el que se dirigían. La niña estaba nerviosa, ¿ qué digo nerviosa? Estaba nerviosísima, porque por su cabeza surgían un montón de ideas de lo que podría ser, a la velocidad del rayo.

 Una vez que llegaron, la mamá de Paula le indicó que se metiera en una habitación y que esperase un momento allí, que enseguida llegaría una chica con la casaca nueva para las fiestas de ese año.

En un principio, Paula se quedó pensativa… si habían llegado hasta allí solo para probarse una casaca nueva, ¿ por qué tanto misterio? Aun así, Paula obedeció y se quedó sentada en el taburete que había a su lado.

 No habían pasado ni diez minutos cuando la chica de la que le había hablado su madre llegó cargada con una percha y la prenda oculta en una funda.

La mamá de Paula entró en ese momento con la pequeña y entre las dos bajaron la cremallera de la funda y lo que vio Paula hizo que abriese los ojos como platos.

– Pero mamá… esto no parece una casaca. ¡parece un traje de princesa!

-Claro que sí. Es un traje de princesa, para la princesita de la casa y la nueva abanderada de Los Almogávares.

-¿Es para otra niña?- preguntó la pequeña un poco decepcionada, al pensar que no era para ella.

– No tonta.  Eso es lo que queríamos decirte… tu eres la nueva abanderada. Papá y yo estuvimos pensando en presentarte y lo hicimos, justo cuando a punto estaba de terminar el plazo, no sabíamos si saldrías elegida pero… Aquí tienes tu traje.

El vestido era el que cualquier princesa medieval hubiese soñado tener para su reino. Aunque no era muy recargado, los colores eran un llamativo azul y un blanco salpicado de cristales de swarosky, Todo el aderezo que le acompañaba era de una elegancia exquisita, tal que cualquiera que la viera la podría confundir con una princesa escapada de un cuento.

Paula no se lo podía creer, todo lo que había soñado y lo que su hada madrina Aldala le había dicho en ellos, se había hecho realidad.

Sería una princesa, tan solo por un año, pero princesa. Porque al fin y al cabo, ser abanderada en una comparsa era lo más parecido a tener un reinado, los trajes, las carrozas, la música… era algo con lo que Paula había soñado desde que tenía uso de razón y estas fiestas serían especiales para ella.

Con el vestido puesto, la pequeña no sabía si reír o llorar, se miraba una y otra vez al espejo y no se lo podía creer, miró a su madre y vio como le resbalaban las lágrimas al verla vestida como las princesas de los cuentos y ninguna lo pudo evitar. Se fundieron en un emocionado abrazo.

Los meses que quedaban hasta llegar al esperado inicio de las fiestas, pasaron volando entre las pruebas del vestido, preparativos, varias pruebas de peinado para que este fuera acorde con su atuendo, fotos…, hasta que llegó el esperado día de su presentación como abanderada.

Sus padres lo tenían todo dispuesto para que ese día fuera inolvidable para ella, habían preparado una cochera y adornado como si fuera la entrada a un castillo encantado, habían llamado a todos los familiares y amigos y amigas de la pequeña protagonista.

La noche de antes Paula no pudo dormir por los nervios del gran día que le aguardaba. Aunque se acostó temprano, su sueño era agitado y se despertó en numerosas ocasiones hasta que el cansancio pudo con ella. Cuando por fin concilió el sueño, volvió a soñar con Aldala.

– Hola pequeña.- le dijo sonriente.

– ¡Aldala, que sorpresa! Creí que no te vería más- le dijo feliz la pequeña Paula.

– ¡Felicidades, ahora tendrás tu pequeño reino!

-¿Cómo sabías que iba a ser así? Mañana me presentarán ante todos como la abanderada de los Almogávares y mi traje es como tú me dijiste.5

– Simplemente lo sabía. Recuerda querida, que soy tu Hada Madrina. Ahora tienes que descansar para disfrutar cada momento del día que vas a vivir, porque será inolvidable. Yo me tengo que ir, disfruta de cada instante que vivas en tu reinado.

-¿Te tienes que ir ya? ¿te volveré a ver?

-Si querida,  me tengo que ir a cumplir los sueños de otras niñas. Y quien sabe, tal vez en un tiempo nos volvamos a ver. Mientras tanto, cuídate.

-Gracias y cuídate tu también. – se despidió Paula.

Pocas horas después sonó el despertador y la pequeña se despertó, aun estaba un pelín triste por la despedida de quien había hecho su sueño realidad. Pero pronto volvió la sonrisa a su rostro al pensar en el día que le esperaba.

Con tantos nervios, a Paula se le hizo la mañana interminable y deseando estaba que llegase la hora en que llegarían sus familiares para acompañarla en ese día tan especial.

 Nadie faltó a la cita, ni familiares ni amigos y amigas de su colegio quisieron perderse el ver a Paula convertida en toda una princesa de cuento.  A partir de ese momento, todo paso como una exhalación y antes de que se diera cuenta, ya había pasado el acto y estaba de nuevo en su casa con el vestido colgado de la puerta del armario de su habitación.

Sí el día de la presentación pasó rápido, aún más veloces pasaron las semanas que le precedían a la semana de fiestas donde comenzaría realmente su reinado y, por fin, vería y se subiría a una carroza.

Llegado el primer día de fiestas, cuál fue su sorpresa al ver su carroza, que creyó realmente que se había escapado de algún cuento de los que solía leer antes de irse a la cama.

 En esos días y tal como le dijo Aldala, tuvo su carruaje, su sede por unos días… pasó a ser su Castillo y los miembros almogávares, los ciudadanos de su reino.  Conoció también a otras muchas princesas, de otros “reinos”, las cuales se hicieron muy amigas y vivió entre música, pólvora, juegos y bromas los días más felices que jamás se había imaginado.

Ahora las fiestas ya han pasado y esos días tan ajetreados han quedado atrás, pero de todo lo vivido, Paula al ver las fotos siempre recordará que una vez soñó con ser princesa y gracias a sus padres y a su hada madrina, ese sueño se hizo realidad y  tuvo la suerte de conocer a niñas que pasaron de ser unas desconocidas a ser grandes amigas. Durante una semana se convirtió en “Una princesa Almogávar”

Fin.

Comparte en tus redes socialesShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterPin on PinterestShare on LinkedInEmail this to someoneShare on Tumblr
 

Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR