Cuento infantil: Carla y el mensaje de SS.MM. de Oriente

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Cuento infantil: Carla y el mensaje de SS.MM. de Oriente

Hola, dejadme que me presente Me llamo Carla y soy una  niña igual que vosotros que hace poco, muy poco tiempo me llevé una gran sorpresa. Justamente el día de reyes.

Había cumplido toda la tradición de la espera de sus Majestades de Oriente: había intentado, como todos vosotros, portarme todo lo bien que había podido durante todo el año, les había escrito la carta prometiendo que me portaría mejor si me dejaban lo regalos que tanto tiempo estaba esperando y se la había entregado días antes a los pajes que, no sé porqué, ningún año eran los mismos; les había pedido a mis padres que me llevasen a la cabalgata a ver si, por casualidad, en una de esas grandes carrozas venía algún paquete que me resultase familiar y, por último les habíamos preparado entre toda la familia un tentempié que, de comérselo todo no tendrían hambre el resto de la noche.

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Polvorones, roscón, chocolate caliente, todo tipo de dulce y algo salado por si les apetecía cambiar, tres copitas de anís y para los camellos un gran capazo de paja y un buen cubo de agua para los camellos les aguardaban en el salón y en la galería, así como una tarjeta navideña con un mensaje de agradecimiento por su  visita que ya se había quedado como costumbre desde que aprendí a leer y escribir.

Y es que, seré un poco traviesa pero como me dicen siempre mis padres, el por favor y gracias nunca vienen mal, sobre todo de cara a los Reyes Magos que son quienes junto a nuestros padres y abuelos, más agradecen que usemos estas palabras.

Pues bien, a la mañana siguiente me levanté corriendo después de una noche casi sin dormir, nerviosa y emocionada por saber si Melchor, Gaspar y Baltasar habían pasado por casa y me habían traído todo lo que les pedí.

Y si, habían pasado por casa dejando los vasos de chocolate y las copitas de anís vacías, se habían comido unos buenos trozos de roscón y lo mejor de todo, es que me habían traído todo lo que en mi carta les pedí.

Pero la sorpresa no fue solo esa, entre uno de los regalos había un pequeño sobre que, con mucha curiosidad abrí. El sobre no era otra cosa que…¡ una carta escrita a mano por los mismísimos Reyes Magos! ¡No me lo podía creer!. Corriendo por el pasillo de casa, llegué a la habitación de mis padres para darles la gran noticia de la llegada de los reyes y la carta que me habían dejado junto al árbol.

-¡ Papá!, ¡Mamá! Han estado aquí los reyes y mirad lo que me han dejado, una carta entre los regalos. – grita Carla entusiasmada.

-Carla, hija mía… son las ocho de la mañana- dice su padre soñoliento.

– Cariño, ¿Por qué no te vas a la cama otro ratito?- le insiste su madre.

– Pero mamaaa…¿no tienes  curiosidad por saber lo que dice ?

– Esta bien, anda entra en la cama con nosotros- le dijo su padre ante la insistencia de Carla.

 

Empecé a leer la carta y cuál fue nuestra sorpresa, porque también mis padres se sorprendieron, que nos pedía que la leyéramos a otros niños, así que como soy muy obediente aquí os escribo la carta que me dejaron sus majestades.

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Querida Carla:
Como este año te has portado mejor que el anterior, te he traído todos los regalos que nos pediste, pero con una condición.
Queremos que esta carta se la leas a todos los niños y niñas que conozcas, pues creemos que es muy importante para nosotros que sigáis creyendo que existimos.
Hemos oído por muchos de tus amigos y otros pequeños que nosotros no somos reales, que son vuestros padres quienes ocupan nuestro lugar, y como estás viendo por la cara que están poniendo ahora mismo tus padres, no es así.
Tememos que, corriendo este rumor entre los niños, dejéis de creer en nosotros y perdáis toda la ilusión que nuestra visita conlleva.  Por eso te pido, a ti y a tus padres que difundáis esta carta y mostréis que somos de verdad tanto Gaspar, Baltasar como yo y que somos quienes repartimos ilusión cada noche del 5 de enero, aunque a veces vuestros padres hagan de pajes, escribiéndoos las cartas cuando todavía no habéis aprendido, buscando esos regalos que tanto deseáis con esos nombres tan raros que os gustan tanto, para que no nos volvamos locos y acompañándoos a dejar vuestras cartas a nuestros pajes y a vernos en la cabalgata.
Como no, os queremos dar las gracias por todos los alimentos que nos preparáis en cada casa tanto para nuestros camellos como para nosotros, por dejarnos las ventanas abiertas para que pasemos a pesar del frio que hace y sobre todo por intentar portaros mejor cada año, aunque no siempre lo consigáis, pero lo importante para nosotros es que cada año intentáis ser mejores para tenernos contentos.
Sería una lástima que toda esta ilusión y la capacidad y la motivación que os da para mejorar se perdiesen con la creencia de que somos producto de vuestra imaginación.  Para convenceros, sólo tenéis que ver la ilusión con la que vuestros padres os ayudan a preparar nuestra llegada, ¿no os parece bastante?  A pesar de que son mayores que vosotros, siguen preparándolo todo como si fueran como vosotros.
¿Sabéis que recibimos muchísimas cartas también de padres y abuelos para que aún les sigamos llevando regalos cada noche de reyes? Pues es cierto, no sólo vosotros nos hacéis llegar vuestras cartas a través de los pajes, también ellos lo hacen y más aún ahora que hemos aprendido a usar internet para recogerlas más rápido aún, y para que ningún niño aunque se espere al último minuto, se quede sin regalo por no haber enviado su carta.
Ahora nos tenemos que despedir de vosotros, que aún nos quedan muchos regalos por repartir y muy poco tiempo. Muchas gracias a todos por todo y esperamos veros de nuevo el próximo año.
Muchos besos y abrazos.
                                   
                             Melchor , Gaspar y Baltasar. 

 

Pues como veis, aquí tenéis la prueba de que lo que os cuento es verdad. Esta es la carta que nos dejaron y tal y como les prometí os la dejo a vosotros para que nunca, nunca perdáis la ilusión y que el próximo año les sigáis esperando como siempre.  Seguro que os dejarán muchas cosas o carbón si no os portáis todo lo bien que prometéis en vuestras cartas. Feliz año  y ¿quién sabe? a lo mejor nos encontramos en la próxima cabalgata. ¡Hasta pronto!

 Un cuento infantil de Rosi Requena

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

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