Cuentos de las Chimbambas: La casa de Halvar

Cuentos: La Casa de Halvar

Cuento Popular Sueco

 

cuentos infantiles cortos, cuentos infantiles, cuentos para niños, lectura infantil, cuentosHace muchos años, en los montes de Suecia, vivió un gigante llamado Halvar. Era un gigante pobre porque era bueno y generoso. Lo poco que tenía, lo regalaba, ya que nada le gustaba más que hacer felices a los demás.

La gente que pasaba por delante de su casa le saludaba y él siempre les ofrecía una de sus grandes sonrisas.

Un día que Halvar estaba sentado tomando el sol, pasó por allí un hombre que llevaba una vaca. El hombre tenía aspecto famélico y triste, y su vaca era un montón de huesos.

–   Buenos días señor – dijo el campesino, que iba a la ciudad

–   Buenos días, buen hombre- contestó Halvar -. ¿Vas al mercado a vender tu vaca?

– Sí- contestó – Mi esposa y yo vivimos en una granja no muy lejos de aquí. Me llevo la vaca a ver si me pagan por ella, aunque la pobre está tan flaca que no se si me darán algo para poder salir adelante. Necesito harina para hacer pan, porque pasamos mucha hambre.

Cuando el campesino se iba, el gigante le dijo:

-¡Espere!… Me gustaría hacer un trato con usted. Le cambio su vaca por siete cabras gordas y hermosas.

-No entiendo… Si tú eres tan pobre como yo ¿por qué ibas a hacer eso?

-Bueno… si puedo ayudarte, lo haré. Lleva la vaca a tu establo y cuando amanezca mañana, allí encontrarás lo que te ofrezco.

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El hombre así lo hizo. Por la noche casi no pudo dormir. Le parecía imposible que existiera alguien tan generoso en este mundo y pensaba que el gigante le había engañado como a un tonto.

Por la mañana, se acercó al establo con su mujer y la vaca ya no estaba, pero en su lugar, había siete preciosas cabras. Saltaron y lloraron de felicidad y a partir de entonces, su suerte cambió.

Las cabras daban mucha leche para beber y hacer ricos quesos que luego vendían en el mercado. Con el dinero que obtenían, compraban gallinas ponedoras que daban sabrosos huevos, y semillas para plantar cereal para fabricar pan. Como tenían pan de sobra, también lo vendían y con las monedas que ganaban, se compraban ropas y artículos para la casa. Y así, el campesino y su mujer se hicieron ricos y se olvidaron de agradecer al buen gigante todo lo que había hecho por ellos

Pasó el tiempo, y un día, el campesino, pasó por delante de la puerta de Halvar. El gigante le vio y le llamó:

-¡Eh, amigo!… ¿Me recuerdas? ¿Por qué no entras a mi casa y me cuentas qué tal te ha ido la vida?..

-Me acuerdo de ti – dijo el campesino – pero tengo cosas muy importantes que hacer y no puedo ahora perder el tiempo contigo. Veo que sigues siendo un gigante pobre… Deberías invertir el dinero que te sobra y algún día, podrás ser un hombre rico e importante como yo.

Y se fue. Halvar se quedó triste y pensativo, mirando cómo desaparecía a lo lejos en su lustroso caballo. Pero enseguida sonrió pensando:

– Bueno… este hombre ahora es rico y feliz, y yo he contribuido a ello. No ha sabido agradecerlo, pero yo por eso no voy a cambiar. Siempre que pueda, seguiré ayudando a quien lo necesite.

Así que el gigante siguió feliz en su hogar, haciendo el bien a grandes y pequeños. Su casa era un lugar agradable en donde todo el mundo era bienvenido y durante años muchos niños acudieron  allí a jugar. Hoy en día, aunque él ya no vive allí, los niños de los alrededores  siguen yendo a la casa de Halvar. Por eso en Suecia todo el mundo la conoce como “la casa de juego de los niños”.

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Angel Sanchez Fuentes

Porque los niños, cuando nacen, no vienen con un libro de intrucciones debajo del brazo, creé este rincón para ayudar a los niños, padres y docentes en el dificil pero maravilloso mundo de la educación.

Un comentario sobre “Cuentos de las Chimbambas: La casa de Halvar

  • el 6 Octubre, 2013 a las 0:19
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    hermoso cuento que nos enseña de la humildad y que hay mas gozo en dar que en recibir y eso es cierto

     
    Respuesta

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