Se sigue utilizando el término “autismo” asociado a connotaciones negativas porque se parte de mitos e informaciones falsas como:
- Las personas con autismo no pueden interactuar o comunicarse.
- Las personas con autismo viven en su mundo
- Las personas con autismo son incapaces de sentir, etc.

Ilustración de Santiago Ogazón
Y ello da pie a que cada vez más periodistas, políticos o líderes de opinión se sumen al uso abusivo del término “autista” para descalificar. Es decir, leemos en los medios de comunicación o escuchamos en boca de políticos «gobierno autista» o «fulanito es autista» cuando quieren expresar que ese gobierno o esa persona no cumple con su trabajo, no escucha, no se entera de la realidad, no muestra empatía con los problemas, es incapaz de ofrecer soluciones o carece de sentimientos.
¿Por qué hace falta recurrir –y herir con ello la dignidad- a un colectivo de personas para atacar y descalificar a otra persona o colectivo?
Entendemos que no hay mala intención, sino desconocimiento o mal uso del diccionario. Convivir con el autismo implica también una importante labor de concienciación en la sociedad: convenceremos siempre desde el respeto. Lo desconocido, además de asustar, alienta la difusión de informaciones falsas. Tenemos que dar a conocer la visión positiva del autismo a la par de fomentar un tratamiento digno para todos los afectados. Un gran trabajo por delante.
Los mitos que se deben evitar
•Carencia de sentimientos. Las personas con autismo sienten: lloran, se ríen, se alegran, se entristecen, se enfadan, sienten celos… En ocasiones pueden tener dificultades para canalizar las emociones, pero saben demostrar que las sienten.
•Aislamiento en su propio mundo. Los esfuerzos por comunicarse son grandiosos. Ni viven en otra galaxia ni mirando a una pared. Forman parte del mundo, una sociedad donde hay cabida para la diversidad.
•La falta del cariño de los padres provoca el autismo. Hace ya mucho tiempo que se erradicó la teoría de las “madres-nevera”, que tanto daño ha provocado. Se nace con autismo. Es decir, hay un origen genético.
•Las personas con autismo tienen discapacidad intelectual o, por el contrario, son capaces de habilidades prodigiosas. En realidad, el retraso mental es una comorbilidad, no una condición propia del autismo. Hay personas con autismo que además tienen discapacidad intelectual y las hay también que no la tienen; las hay que tienen capacidades asombrosas, y las hay que no las tienen. Pero necesitamos todo tipo de mentes, sin discriminar a nadie.
•La inevitable segregación. Debe desterrarse la falsa creencia de que las personas con autismo sólo pueden vivir o desarrollarse en centros segregados, sin relación con el resto de las personas, no con la intención de marginarlas, sino de protegerlas. Esto en ningún caso debe ser así. Al contrario, la inclusión social es una de las claves para lograr una mejora de la calidad de vida de las personas con TEA y un factor esencial para incrementar sus capacidades de adaptación, su desarrollo personal y su calidad de vida. Con los apoyos adecuados, las personas con TEA pueden aprovechar las oportunidades de participación en entornos ordinarios, lo que favorece que puedan disfrutar de una vida social integrada y normalizada, y contribuye a su desarrollo personal.
•La infancia permanente. Con demasiada frecuencia, los medios hablan de “niños autistas”, pero casi nunca de “adultos autistas”. Es necesario que la sociedad conozca y entienda tanto a los niños como a los adultos afectados por autismo.
• Son autistas. Mejor emplear la fórmula “persona con autismo” en lugar de utilizar simplemente la palabra “autista”. Así se pone de relieve la condición de persona, con sus características y diferencias, independientes del autismo. Además, definir a una persona por una discapacidad es una forma de discriminación.
•Definición de los diccionarios. El uso del autismo asociado a connotaciones negativas se escuda en ocasiones en la definición que aparece en los diccionarios, sobre todo el DRAE. Hace ya más de un año que se inició una campaña con respuestas positivas en el sentido de que van a cambiar la definición, aunque llevará su tiempo.
Más información: http://autismosinmitos.blogspot.com/
Ilustración: Santiago Ogazón
Pero habría que matizar varios detalles. Cuando un alimento cae al suelo, se suele producir una transferencia de materia en ambas direcciones. Así que, salvo que el lugar del accidente esté completamente desinfectado, algún que otro ser microscópico se quedará enganchado en la superficie del alimento, aunque apenas hayan pasado unos segundos. No obstante, es de muy mala suerte que el inquilino sea patógeno y en una cantidad suficiente para desatar una infección.


naturales, cuajada.
proceso tecnológico o por contaminación cruzada.
El nuevo curso,
Debemos saber hasta qué punto se ha podido fijar en un niño la cultura de su país de origen. Esto va a depender de la edad del niño en el momento de la adopción. Si es muy pequeño seguramente no se podrá hablar de fijación de la cultura; en cuanto ya aprende el idioma y lo habla, aproximadamente a partir de los 3 años, empieza a emerger una identidad étnica y cultural, es decir, se siente identificado con sus iguales. Conforme va creciendo hay que ver si se ha formado en el niño un bagaje cultural con el modo de vida adquirido en su corta vida. Sea cual sea la etapa en la que se encuentre, no hay que confundir si su comportamiento depende de lo que ha vivido o bien se ha fijado por su cultura, o forma parte de su personalidad.
Los beneficios para un niño que practique un deporte son muchos